La Rioja

El Dios escondido

Dios se esconde a los que lo someten a prueba y se manifiesta a los que lo buscan con sincero corazón, decía B. Pascal. No es un simple concepto que pueda ser derivado en una demostración geométrica; es una realidad. Tampoco cabe establecerlo con argumentos físicos a partir de las obras de la naturaleza, porque no convencerán a los incrédulos; mientras que los argumentos metafísicos que tratan de probar su existencia resultan demasiado abstrusos y causan poca impresión, continúa. Pero su busca diligente es el asunto que más nos importa, porque sólo Él explica el misterio del hombre, sólo Él es capaz de iluminar nuestro destino; está en juego la naturaleza de nuestro ser y el sentido de nuestra vida; en último término, nuestro éxito o fracaso como personas. «No hay más que dos clases de personas que puedan llamarse sensatas: los que sirven a Dios de todo corazón, porque le conocen o los que le buscan de todo corazón porque no le conocen» (Pensamientos, 194).

En esta búsqueda hay que ser realistas, debemos acomodarnos a la materia de investigación. En el mundo Dios se deja entrever. «Lo que aparece no denota ni una exclusión total ni una presencia manifiesta de la divinidad, sino la presencia de un Dios que se esconde: todo lleva este carácter» (556). Sin embargo, es preciso decidirse por lo incierto, de acuerdo con el cálculo de probabilidades; trabajar por lo incierto es obrar razonablemente. Si en nuestros asuntos pretendemos actuar con total certeza, nunca haremos nada; ¡qué pocas cosas demostradas hay!, la evidencia matemática es una excepción.

Mas: «El corazón tiene razones que la razón no conoce» (277). No se trata de un ciego sentimiento, de una certeza irracional, sino de la certeza intuitiva del corazón sentiente. Se trata de aplicar el «espíritu de finura», el tacto fino, con el que se valoran las complejas realidades humanas. Es preciso indagar con perspicacia, evaluar todos los datos, asumir todas las razones, desplegar hábilmente ese «espíritu de finura» que sabe apreciar indicios sutiles, aunar numerosos principios, y que descubre súbitamente la cosa en un golpe de vista, en una lograda intuición. Es el corazón quien siente a Dios, y no la razón geométrica; no se trata de deducir, sino de comprender.

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