La Rioja

El cambio es cuestión de tiempo

Es puramente metafórico que el mismo fin de semana que se atrasaba la hora, el PSOE y Ciudadanos le entregaran el país al PP. No se trataba sólo de la gobernabilidad del jefe político del partido de los recortes y la corrupción estructural, sino de asumir ser parte de las hojas de las tijeras que llegarán de Bruselas, de la consumación de los poderes fácticos y de apuntalar la enésima operación restauración. Es Brumario, como escribe Juliana, donde quizás fue más de una hora lo que se retrocedió para muchas personas la pasada noche del sábado.

Anteriormente ya se había producido de facto, como en las reformas laborales, la modificación del artículo 135 de la Constitución para anteponer el pago de la deuda y sus intereses o su gobierno juntos en Europa, pero la escenificación en la investidura de la Gran Coalición sin caretas ha supuesto la cristalización del desengaño. No se trata únicamente del motín de poder en el PSOE para su abstención sin condición alguna siquiera o del incumplimiento de la palabra con militancia y votantes, sino del sustento del candado del régimen económico-político español de 1978.

Las contradicciones del PSOE han estallado, lo cual se evidenció en la división del voto, en clave de guerra interna y de tres crisis manifiestas: ideológica, identitaria y de credibilidad. A partir de la época de François Miterrand y Olof Palme se observan los mismos efectos constatables en la socialdemocracia europea, encajonada y subsumida ante la colonización de espacios del neoliberalismo. Con ello es evidente la ruptura de representaciones entre unas bases sociológicamente de izquierdas y unas élites, cuya máxima expresión es la degradación de lo que decía ser Felipe González y lo que es a día de hoy. Aunque aparentemente diferentes, a las cúpulas de la oligarquía del PP y el PSOE les une el mismo hilo conductor de intereses, lo cual revierte en una homogeneización de los partidos tradicionales y una disociación entre el discurso y la práctica, que se va agrandando como va cayendo el polvo del reloj de arena.

Tanto por su renuncia al escaño (en el Congreso sí se queda César Luena absteniéndose, como si la cosa no fuera con él) como por su entrevista en 'Salvados', está por ver el papel de Pedro Sánchez tras sus decisiones y acciones tan coherentes como calculadas para reforzar su intento de volver a liderar el partido. No era desconocido lo que dijo, pero sí relevante que fuera él quien reconociera la influencia de quienes realmente dominan el PSOE y las presiones del establishment empresarial y mediático para vetar una vía de gobierno con las partes que componen Unidos Podemos. Así quedaron desmontados los relatos del bloqueo al acuerdo con Ciudadanos, cuya intención era más bien poder seguir presentándose como actor hegemónico aislando la influencia del resto, así como del falso, machacón y westerniano eje discursivo de la pinza por negarse a ser bisagra blanqueadora del PSOE. Algunos de quienes se lo quisieron creer hace años hoy están en el mismo PSOE del «no es no» que le ha puesto una alfombra al PP.

La performatividad de esos papeles no se queda sólo en Madrid, sino que también se da en Logroño, donde la Gran Coalición se muestra con esplendor en los asuntos fundamentales. Cabe recordar que en nuestra ciudad PP, PSOE y Ciudadanos van de la mano en las ordenanzas fiscales, en la faraónica estación de autobuses de 24 millones de euros o en la actuación del túnel de Vara de Rey-Duques de Nájera obviando lo que expresaban en períodos pasados, así como también a la hora de tumbar el intento de democratizar el Consejo de Administración de Logroño Deporte donde el PP tiene el poder absoluto o la propuesta de Cambia Logroño para realizar una auditoría en la que conocer de manera transparente y detallada todas las actuaciones relacionadas con el soterramiento. La piedra de toque fue el reciente Debate del estado de la Ciudad, donde, a juzgar por la virulencia de las contestaciones del Partido Popular, demostramos ser la oposición y que hay alternativa a su modelo regresivo.

Algo se ha transformado socialmente para que partidos que anteriormente se turnaban en el poder, hoy necesitan que sus cúpulas se pongan de acuerdo para gobernar. Este hecho inédito resulta incomprensible sin valorar el terreno abonado por la repolitización y empoderamiento ciudadano del 15M, la resistencia de Izquierda Unida, la ecología política de Equo, la irrupción de Podemos, el ejemplo de las candidaturas municipales de confluencia o la lucha de las mareas y las Marchas de la Dignidad. Esa dura carrera de fondo sigue vigente porque quienes descabezaron el turnismo en nuestro país se van a recomponer para tratar de mostrar que no hay otro mundo posible.

El mismo día que PP, PSOE y Ciudadanos acordaron la investidura de Mariano Rajoy, pero seis años antes, fallecía un emblema como Marcelino Camacho. Su lema de no doblegarnos ni domesticarnos es la línea por la que debemos seguir caminando porque éste es nuestro momento. Paradójicamente, se abre una ventana de oportunidad sin precedentes que no debemos cometer la torpeza de reducir a lo electoral, sino de ampliarla a lo social. Es crucial no vernos reducidos a la subalternidad, sino constituir una oposición de contrapoder alternativo y atrayente en todos los frentes sin importar carnés que aglutine, articule y construya un nuevo proyecto constituyente de transformación y justicia social. Su orden es nuestra lucha porque ese orden es la desigualdad. Winter is coming pero el cambio, que llegará por nuestras acciones y no por las de otros, es cuestión de tiempo.