La Rioja

LO QUE DIGA LA TELE

Ahora recuerdo que, de niño, mis hermanos me imprimieron cierto gusto musical a base de imprimir a fuego en mi cabeza las canciones de Dire Straits, Jean-Michel Jarre y Duncan Dhu. Entonces no atendía mucho a la música, supongo que estaba más ocupado con los Playmobil, pero algo quedó de aquella notable selección familiar. Me sorprende que el gusto musical que muchos imponen a los menores sea el de aquellos cantantes que salen en televisión, sin mucho más mérito que ese, como si no hubiera nada mejor. Lo que diga la tele está bien. Parece el mito de la caverna de Platón: lo que vemos es la verdad, sin pensar que, tal vez, hay otras realidades. En el concierto de Manu Carrasco en Riojafórum, lleno hasta la bandera pagando 43 y 50 euros, la gente, muchos niños incluidos, se levantó de sus butacas sólo para recibir y aplaudir al cantante, que obtuvo una primera ovación casi de torero saliendo por la puerta grande. La habitual 'voz en off' advirtió de la prohibición de grabar imágenes durante la actuación y, nada más comenzar esta, al menos medio centenar de teléfonos se iluminaron haciendo oídos sordos, casi tantos como espectadores siguiendo el concierto de pie de principio a fin. Carrasco se acompañó de dos guitarristas, dos teclistas, un bajista y un batería, una banda que parece excesiva para una música ligera, con letras que parecen de Disney, mezcla de muchos estilos y poco definida que, eso sí, a la mayoría le encanta. ¿Qué tiene de especial Manu Carrasco? ¿Tendría el mismo éxito si no saliera por televisión?