La Rioja

Mirando en corto se valora lo superfluo

  • La italiana 'Locas de alegría', de Virzì, Espiga de Oro en la Seminci vallisoletana

No voy a esconder mi desaprobación y desacuerdo con el criterio del jurado internacional de la 61 edición de la Seminci que ayer hizo saber su fallo en medio del más absoluto desconcierto.

Casi es una norma que las preferencias de la crítica acreditada rara vez coincidan con los gustos de los soberanos miembros del jurado llamados para escenificar un acto protocolario que conlleva una entrega de premios. La rumorología más extendida, a la que me uní desde el primer instante, apuntaba que la programación se había dejado arrastrar por una tendencia apática y desinflada de contenido transgresor propio del cine de autor que desde hace lustros ha caracterizado al certamen vallisoletano. Aún así, y ya en la medianía de la semana, por la pantalla han desfilado unos pocos filmes que reflotaban la racanería de ideas expuestas hasta entonces y vigorizaban con sus discursos propuestas que te orientaban al debate y agitaban la mente del cronista.

Pero, extrañamente, esos pocos títulos no han estado en el palmarés final. Y cito como ejemplo la magnífica cinta del iraní, Asghar Farhadi y su maravillosa, 'The salesman', por cuyo pase, y sin exagerar, merecía la pena estar en la Seminci.

'La pazza gioia', también conocida como 'Like crazy' o 'Locas de alegría', firmada por el reputado realizador italiano, Paolo Vìrzi, conquistó el máximo galardón, la Espiga de Oro al mejor largometraje. Sus dos actrices, Valeria Bruni-Tedeschi y Micaela Ramazzotti, que derrochan con mérito muy hechizante los intrincados vaivenes de mentes alocadas y en permanente estado de desobediencia, obtuvieron el premio a la mejor interpretación femenina. La cinta gira en torno a dos mujeres internadas en una institución mental que huyen viviendo el reencuentro bastante variopinto con aquellos que las quisieron o las dejaron tiradas.

El galardón para el mejor actor se lo llevó, Naomi Nero, un jovencísimo actor brasileño que es el alma máter del filme 'Madre sólo hay una', sobre un muchacho de diecisiete años que recibe un shock que lo aturde y provoca: es un niño robado.

La producción hispano-argentina 'El ciudadano ilustre', de Gastón Duprant y Mariano Cohn, fue galardonada con la Espiga de Plata y también obtuvo el premio 'Miguel Delibes' al mejor guión para Gastón Duprant.

La producción entre Egipto, Francia y Emiratos Árabes Unidos 'Clash' fue recompensada con dos premios, el de mejor nuevo director, premio 'Pilar Miro', para su realizador, Mohamed Diab; y para su fotografía, obra del operador, Ahmed Gabr.

La recompensa a la mejor dirección lo obtuvo, Anna Muylaert, por su película 'Madre sólo hay una'. Y el premio que otorga la asociación, Fipresci, lo ganó el filme de Anne Fontaine 'Les innocentes'.

Desde luego, tanto Silvia Munt, y sus compañeros del jurado no se han esmerado y se han conducido por los caminos más complacientes y anodinos. Sin apenas riesgo, y todo muy formalista, y de agradable visión, las resoluciones dejan fuera los pocos filmes osados y valientes. Quizás, sólo la egipcia 'Clash', cuya acción se desarrolla en un único escenario, un furgón policial, ha conseguido satisfacer el poco sentido de la audacia que ha demostrado el jurado.