La Rioja

El sur de España será un desierto si no se cumplen los acuerdos de París

Un flamenco camina en la laguna de Fuente de Piedra, en la provincia de Málaga. :: josé luis roca / afp
Un flamenco camina en la laguna de Fuente de Piedra, en la provincia de Málaga. :: josé luis roca / afp
  • Un estudio publicado en 'Science' predice que un aumento de más de 2º C pondrá en peligro los ecosistemas de la cuenca mediterránea

madrid. El sur de España podría convertirse en el año 2100 en un nuevo Sáhara si no se cumplen los acuerdos de París, avisa una investigación que publicó ayer la revista 'Science'. Al final de este siglo, en un escenario de aumento de las temperaturas de cinco grados y de 900 partículas de CO2 por millón (ahora son 450), el territorio de la península que comprende la mayor parte de las comunidades de Andalucía y Extremadura y una parte importante de Castilla-La Mancha, Murcia y Comunidad Valenciana «será un desierto». El documento explica que los bosques de árboles de hoja caduca tendrán que adaptarse a las temperaturas y acabarán trepando a las las montañas, abandonando las llanuras, que serán ocupadas por vegetación mediterránea, mejor adaptada a las altas temperaturas y a la escasez de precipitaciones.

En realidad, los investigadores se explayan en argumentar que la amenaza se cierne sobre todo el entorno del mar Mediterráneo, desde España hasta Egipto. «Sus ecosistemas son muy sensibles no solo al calentamiento, sino también a los cambios en el agua disponible (...) Los cambios en ambos factores van a producir pérdidas en los ecosistemas del Mediterráneo y de su diversidad durante las próximas décadas», afirma el estudio.

La hipótesis que convertiría a media España en un secarral arenoso es la más pesimista de las que manejan los científicos que han realizado la investigación, pero ni mucho menos puede descartarse de antemano. Los autores del estudio subrayan que el periodo 1998-2012 fue el más seco de los últimos 500 años y recuerdan que la temperatura actual en la cuenca mediterránea es 1,3 grados centígrados más alta que entre 1880 y 1920, mientras que en el conjunto mundial se ha situado en 0,85 grados. Es decir, el Mediterráneo es una de las zonas que más está sufriendo con el cambio climático.

Pero el artículo de 'Science' incide en que las consecuencias de un calentamiento agresivo no se limitan a la naturaleza. Analizando los últimos 10.000 años, los científicos señalan que los periodos en los que ha habido precipitaciones escasas han coincidido con el colapso de civilizaciones, especialmente en el Este del Mediterráneo y, en concreto, en la zona de Siria. «Las sequías y los cambios en la productividad de los suelos han podido jugar un importante papel (en este hundimiento de determinadas culturas), demostrando los potenciales efectos del cambio climático en las economías basadas en la agricultura», agregan.

Modo de vida del hombre

Ante un panorama tan negro, ¿existe alguna esperanza de evitar la desertización de amplias zonas del Mediterráneo? Si el hombre no hace nada, no. El modo de vida actual (el cambio en los usos del suelo, la urbanización masiva, la degradación de amplios terrenos) continuará en las próximas décadas, y los investigadores incluso reconocen que no los han tenido en cuenta en este informe. Así que, añadiendo este nuevo factor, auguran que «el cambio climático antropogénico, sin ambiciosas políticas de mitigación, alterará muy probablemente los ecosistemas del Mediterráneo de una manera sin precedentes en los últimos diez milenios». Y únicamente abren una puerta, y no demasiado grande, para evitar cambios dramáticos: que las temperaturas solo aumenten 1,5 grados.

Los acuerdos de París situaron el objetivo entre los 1,5 y los 2 grados para finales de este siglo, por lo que, a juicio de los investigadores, solo las medidas más drásticas evitarán la desertización masiva. «Si continuamos en los escenarios de emisiones de gases de efecto invernadero de los niveles previos a los acuerdos de París, se producirá una sustancial expansión de desiertos en gran parte del sur de Europa y del norte de África», aseveran.

El objetivo de los 2 grados, que para algunos gobiernos ya era excesivo, es, sin embargo, insuficiente a todas luces a ojos de la comunidad científica. «Para muchas regiones del mundo, incluso la meta de los dos grados implicaría una sustancial subida de las temperaturas, con máximas diarias que alcanzarían valores extremos. Recientes aumentos de un grado han causado daños en muchos sistemas ya hoy en día», subrayan.