La Rioja

AGUANTANDO

Aguantan como los árboles viejos. Resisten el paso del tiempo soportando el crujir polvoriento que dejan los años cuando les pasan por encima, por delante, por todas partes. Son extraños invitados fuera de lugar, cosas imposibles y maravillosas en este tiempo lleno de apresuramientos. Yo paso junto a esas cabinas telefónicas y las veo tan deshabitadas bajo la luz macilenta de las farolas que me dan ganas de entrar para descolgar el auricular y comprobar si hay línea. Ahí aguantan las cabinas, melancólicas, huecas, abandonadas. Aunque las van retirando ellas soportan el temporal extrañamente dignas, como faros solitarios plantados en el acantilado. Si uno se fija bien enseguida se descubren en las calles tesoros extemporáneos, igual que esos objetos raros que uno encuentra por los cajones al hacer una mudanza. Ahí sigue el afilador, los autoestopistas, un motocarro circulando por la ciudad... En las barras de los bares todavía aparece los domingos 'La Hoja Deportiva', un papel repleto de patrocinadores locales con los resultados de la jornada. «Yo les pongo cuatro perras y sale el nombre del bar», me cuenta el dueño de una tasca. «No me quito porque me da pena, por no decirles que no, pero la gente ya no la busca como antes, ya sabes... con los móviles...».

De entre todos estos asombros destacan sobre los demás los quiosqueros de prensa. Abren sus puertas, colocan los periódicos con gomitas en el estante y sujetan con pinzas las revistas. Plantan luego los coleccionables y disponen ordenadamente los chicles y los cromos en el mostrador. Saludan a los vecinos, ven la vida pasar, los tiempos cambiando, el tráfico, el puesto de castañas que ya se ha instalado cerca. Escuchan la fuente de la rotonda que suena distinta en otoño y al terminar el día recogen su campamento, colocan el candado y acaban la jornada heroica. Al día siguiente regresarán a su puesto como viejos soldados de una larga guerra de trincheras; vuelta al quiosco, al noble trabajo de repartir periódicos como éste. Yo los veo con admiración porque me recuerdan lo que Madame D'Aulnoy dijo de los españoles en el siglo XVII: «Se les ve expuestos a la injuria de los tiempos, en la miseria; y a pesar de ello, más bravos que en la opulencia y la prosperidad». Fuerza y ánimo, compañeros del quiosco.