La Rioja

'Legislar' lo espiritual, más fácil que lo terrenal

Una urna con las cenizas de un aficionado en el columbario del Vicente Calderón. :: EFE
Una urna con las cenizas de un aficionado en el columbario del Vicente Calderón. :: EFE
  • Las empresas de servicios funerarios reclaman una ley estatal que regule el sector, que en 2015 facturó 1.475 millones

Hacer la romería del Rocío para poder ver a la Blanca Paloma en Almonte. Y, de paso, dejar la urna con las cenizas de un ser querido en las marismas de Doñana. Un acto realizado con el máximo cariño, respetando seguramente el último deseo de ese tío, abuelo o madre. El Ayuntamiento de la localidad onubense puso coto porque una cosa puntual comenzó a convertirse en ritual. Y el fallecimiento de Carmen Ordóñez, con el esparcimiento de sus cenizas a las puertas de Doñana, recrudeció el fenómeno. Así que hace más de diez años se prohibió la actividad. Solo se podrá realizar con un permiso previo y en el lugar municipal donde se disponga. Fue una solución de urgencia ante un momento puntual de descontrol, pero refleja cómo los municipios han intervenido en estos casos.

Otras localidades del litoral, por ejemplo, decidieron cortar de raíz el lanzamiento de las cenizas desde lugares emblemáticos o, simplemente, prohibir cualquier tipo de esparcimiento por tierra, mar y aire. Es decir, son las ordenanzas municipales las que han ido regulando una práctica de un sector, el funerario, que clama por una ley estatal que regule este aspecto y todos los elementos de los servicios funerarios. Incluso la Comisión Nacional de los Mercados y la Competencia ha apelado en varios fallos -uno de los últimos fue en 2014, sobre una funeraria en Zaragoza- a buscar un cambio. «Resulta patente la necesidad de acometer con carácter urgente una revisión de la regulación del acceso y el ejercicio a las actividades funerarias (...). Tal revisión debe realizarse conforme a los principios de necesidad y proporcionalidad, así como de reducción de cargas administrativas», señala el fallo. Una idea que pide desde hace años la Asociación Nacional de Servicios Funerarios (Panasef). Una patronal que aglutina a 18 empresas (el 42% del sector) y que realizó más de 182.000 servicios funerarios en 2015.

El año pasado se mantuvo la misma tendencia que ejercicios anteriores y las incineraciones continúan su lento crecimiento. Si en 2005 representaban el 16% de todos los servicios, en 2015 ya supusieron el 36%, más de 65.500. En España hay 364 hornos crematorios con una capacidad para atender al día 1.456 procesos aunque la demanda es bastante inferior: 419 incineraciones al día. Este número de hornos convierte a España en el país con más servicios de este tipo en Europa. En cambio, Francia, con solo 163 hornos, realiza casi el mismo porcentaje de servicios que en España (34%). Según el último informe de la The Cremation Society of Great Britain, es el Reino Unido el país donde más personas optan por la incineración (tres de cada cuatro). En las islas existen 270 hornos crematorios por los 165 de Alemania -donde la opción de ser quemado gana a la inhumación- o los 66 de Italia. Es el país con más baja aceptación de los analizados: solo un 18%. Por el contrario, Portugal con solo 18 crematorios asume el 53% de los finados.

En algunas capitales de provincia ya suponen la mitad de las elecciones, aunque en las zonas rurales todavía la incineración es bastante inferior. En total, España cuenta con 2.405 tanatorios y velatorios con más de 7.000 salas donde trabajan más de 11.300 personas. El sector facturó el año pasado 1.475 millones en un año de récord de muertes: 422. 276. «No creemos que sea una tendencia en los próximos años ya que, durante el primer semestre de 2016, hemos constatado como el número de servicios funerarios ha descendido. Por tanto, creemos que este año los fallecimientos en España se volverán a situar en torno a los 395.000», apuntó Juan Vicente Sánchez-Araña, presidente de Panasef.

La patronal también publicó el coste tipo de un funeral -3.500 euros de media según la OCU-. Casi la mitad -un 49%- se gasta en los servicios funerarios, arca, traslados, asistencia, 'catering', tanatoestética, libro de recordatorios, e inscripción en el Registro Civil; un 19% se invierte en el destino final, cremación o cementerio; un 17% son los impuestos indirectos; y un 15% son los gastos complementarios (certificados y tasas, iglesia, coronas, lápidas y esquela).