La Rioja

La cineasta Deepa Mehta. :: efe
La cineasta Deepa Mehta. :: efe

Pasaje a la India

  • El autor más galardonado del certamen, el serbio Goran Paskaljevic, ha sucumbido, por encargo, a ubicar su última producción en el Himalaya

  • La Seminci concede protagonismo al cine del país asiático

El cine asiático, representado casi en exclusiva, por uno de los países que más películas produce en el mundo, la India, no sólo tiene un día señalado en la agenda dedicado a su cinematografía, sino que la organización decidió, con criterios más que discutibles, tenerlo tan presente, que se vino arriba concediendo la Espiga de Honor al productor Bobby Bedi y al actor, Kabir Bedi. Éste último fue el inolvidable y mítico héroe de la serie televisiva que causó furor en los años 70, 'Sandokán'. Y ahí no termina su estela. Deepa Mehta (Amritsar, India, 1950), es una de las visitas fijas de Valladolid. Su asiduidad se remonta a la edición número 36, que presentó su filme, 'Sam & Me', dentro de la sección, Punto de Encuentro. Desde entonces, y con bastante regularidad, su presencia se deja notar y ver.

Ayer se proyectó su última película, 'Anatomy of violence', un docudrama, muy lejos del tratamiento visual, de gusto chillón, que ha caracterizado sus largometrajes, inspirado en el terrible y salvaje suceso de la violación en un autobús de una joven en Nueva Delhi a manos de varios individuos que indignó a la opinión pública hindú y conmocionó al mundo entero.

Deepa Mehta es una cineasta inquieta, en busca de enfoques y miradas de variado calado, ajustando la temática a una forma peculiar de encarar su rodaje. Para esta ocasión, ha abierto un frente nuevo, un estilo de carácter documental, aprovechándose de la realidad y mezclándola con la ficción, con una puesta en escena cercana al dogma danés, con la cámara al hombro, desenfoques consentidos y panorámicas que al final del movimiento descubren a un técnico en faenas de filmación.

La autora de 'Fuego' no relata el hecho. Huye del morbo, del escándalo y del amarillismo Su interés, como expresa los rótulos sobreimpresionados en la pantalla, se reduce a un análisis muy cercano a la banalidad del mal. Es decir, su teoría es que el violador no nace con un impulso animal sino que se hace por culpa de un déficit afectivo surgido por el contacto con un ambiente y contexto de pobreza extrema, analfabetismo, familias desestructuradas y violencia de género. Su compromiso sociológico la conduce a experimentar un planteamiento, cuanto menos curioso en su filmografía, que no es otro que utilizar al mismo actor adulto para representar su niñez, observándolo cómo desarrolla un barniz de proscrito y su tara emocional. Este sugerente recurso funciona y disecciona a todos los delincuentes y sus circunstancias, que incluso una lectura torva y sensacionalista podría suponer una mirada laxa y justificada de su infame y deplorable comportamiento.

Hasta el mismísimo realizador serbio, Goran Paskaljevic, toda una institución en la Seminci, ha sucumbido, por encargo, a ubicar el argumento de su última producción, 'Dev Bhoomi', en las laderas de la cordillera del Himalaya, en una remota aldea del gigantesco país asiático. El autor más galardonado de este certamen, con tres Espigas de Oro, propone, enlazando con la temática de, 'El ciudadano ilustre', la llegada a la región que le vio nacer de Rahul, un hombre maduro que huyó de la zona, a la que vuelve, enfermo, y en plan melancólico. Su intención, antes de perder la vista por un síndrome degenerativo, es volver a disfrutar de unos paisajes maravillosos. Pero el recibimiento es hosco, tenso y desagradable. Y con el transcurrir del metraje te percatas que Rahul está inmerso en un oscuro misterio, sumido en un agitado remordimiento del que pende un cargo de conciencia que le atormenta y desea exorcizar.