La Rioja

FILOSOFÍA DE BUEN ROLLO

El Sevilla partió de la filosofía para llegar al humor en Cómicos. ::
El Sevilla partió de la filosofía para llegar al humor en Cómicos. :: / EP

Entre focos alocados y una guitarra afilada surcando la noche irrumpió en escena. Pero quien esperaba al cantante de los Mojinos Escozíos se encontró a un Miguel Ángel Rodríguez 'el Sevilla' emulando la estampa de Sócrates. Y con su verbo desgarbado, invitó al público de Cómicos a reflexionar para ser más sabios, como camino hacia la felicidad.

Su 'Reflexiones del hombre lengua' ha sido en las noches del viernes y sábado en la sala Florida el tercer capitulo de la XVIII Muestra Nacional de Teatro Cómicos de Alfaro. En ambas veladas, 'el Sevilla' advirtió que, aunque estuviera solo en escena, eso no era un monólogo. Lanzando preguntas al público que llenó la Florida en las dos noches lo rompió y lo convirtió en un diálogo, en una terapia de grupo camino de la felicidad.

Era la invitación a la mayéutica, a atender sus preguntas para pensar juntos. «Vamos a observar, reflexionar y llegar a una conclusión», invitó. Y lo que consiguió es que todos rieran juntos.

Eso sí, que nadie se asustara. No eran preguntas de profundidad teórica. Eran «de buen rollo». De las de contestar con un sí o un no. De esa filosofía que surge entre los dulces de la primera comunión, en la barra del bar o al hojear los apuntes de un amigo. Y en todas esas situaciones, lanzarse preguntas. Por ejemplo, ¿qué hubiera pasado si Shakespeare hubiera sido español? Acudiendo al icónico 'To be or not to be' de Hamlet, 'el Sevilla' se recreó en que en castellano no es lo mismo ser que estar. Los ejemplos, pasando por la duquesa de Alba, entre otros, fueron hilarantes y arrastraron al público a la carcajada.

Porque el polifacético artista no reprimió su lado macarra, exhibiendo en muchas fases un humor bruto, soez y, por momentos, escatológico. En otros, acudió a un humor inteligente dejando que el público dedujera el final del chiste o el número. El público, tanto alfareño como llegado de muchas localidades vecinas, se dejó llevar y entró en el juego. Sí, el público también fue soez. Y se divirtió.

«¿De qué sirve pensar?», se cuestionaba 'el Sevilla' cada vez que avanzaba una teoría sobre el porqué de los números o los argumentos de los cuentos. «Y lo feliz que soy», sonreía. Porque el filósofo fue avanzando para convertirse en filólogo al entrar a jugar con las palabras dejando atrás los pensamientos. Solo en escena, consiguió llenar hora y 40 minutos de historias. Y consiguió lo que deseó a todos, ser felices un buen rato.