La Rioja

«No es fácil entender el suicidio, pero la sociedad debería tomar más interés»

Julia Sáez Angulo posa con su nuevo libro. ::
Julia Sáez Angulo posa con su nuevo libro. :: / L.R.
  • Su nuevo libro de relatos, 'El paso al otro lado', trata el suicidio como tema central de las narraciones

  • Julia Sáez Angulo Escritora

El artista francés Édouard Levé se suicidó diez días después de entregar a su editor el original de su libro 'Suicidio' en el 2007, veinte años después del suicidio de su amigo de la infancia. Antes, en 1897, Émile Durkheim publicó el estudio 'El suicidio'. Julia Sáez Angulo (Uruñuela, 1946), periodista jubilada y residente en Madrid, se atreve a afrontar este tema en su nuevo libro de relatos, 'El paso al otro lado' (Espacio Cultura).

El libro se presenta con una sentencia de Cioran: «Quien no se ha suicidado antes de los 25 años merece vivir para siempre». ¿Lo cree?

No es necesariamente así, pero la frase resulta lapidaria y está en consonancia con la afirmación de Albert Camus en 'El mito de Sísifo': «No hay más que un problema filosófico verdaderamente serio: el suicidio». Las personas sufren situaciones de extrañeza, sufrimiento intenso o desesperación en la vida; son momentos en los que se plantea si la no-vida es mejor.

¿Por qué ha elegido este tema tan tabú y doloroso como eje central de su nuevo libro?

El libro, escrito hace unos años, vino a ser una catarsis ante el 'shock' del suicidio de un joven amigo, como de la familia. Siempre los que están cerca de alguien que se ha quitado la vida se preguntan los porqués, si se pudo haber hecho algo que no se hizo. Quería contar la historia fabulada de mi amigo, pero la angustia me podía. Finalmente lo resolví a base de pequeñas historias que hablan y congelan el tema del suicidio en situaciones muy diversas y con resoluciones diferentes.

El libro se compone de relatos breves y un poema y, por tanto, no parece que haya habido lugar a la profundización en el tema, ¿o sí?

El relato breve puede y suele tener una carga de concentración mayor que una novela, que distancia el argumento en el tiempo. El relato conduce la atención del lector como en un poema. En el libro hay relatos que son verdaderas cargas de intensidad narrativa sobre el suicidio. El conjunto viene a ser como un calidoscopio de distintas maneras de asumir la situación: drama, dolor, honor, amor, locura, banalidad. incluso hay uno que se resuelve con humor. Apenas se pronuncia la palabra suicidio. El lector puede sacar sus consecuencias.El poema es una premonición literaria sobre la muerte.

Lo que no parece haber es dramatismo en las narraciones, ¿no?

No he querido incidir en el drama, el tremendismo o la truculencia, no me parecía adecuado. Al contrario, he enfriado la idea. He ido perfilando los hechos y los acontecimientos con los pasos que conducen a una dirección de decisión fronteriza, a un insinuado desenlace fatal. Son los hechos los que sugieren más que dicen. Me parecía más elegante.

Hay dos partes, una dedicada a personajes históricos y otra a «un personaje cercano». ¿Por qué?

Quise escribir sobre mi amigo, pero no podía hacerlo, ni siquiera fabulando las circunstancias. Escribir primero de otros casos de suicidio congeló el tema y me facilitó las cosas para una segunda parte, que iba a seguir el mismo formato, a base de relatos o capítulos breves.

¿Es este libro un modo personal de intentar entender el suicidio?

No es fácil entender el suicidio, pero la sociedad debiera tomar más interés, a juzgar por las terribles estadísticas: casi 5.000 casos de suicidio al año en España, cifra muy por encima de las víctimas de la violencia de género y cerca de los muertos en accidente de tráfico. Asuntos Sociales o Sanidad no parecen reaccionar ante esta situación, que además deja cierto estigma en algunas familias o zonas geográficas. El suicidio va contra el instinto de conservación del ser humano y encierra un misterio doloroso que me atrajo para abordar este libro.