La Rioja

Un canto a la vida bohemia antes del drama

Escena del zapato de Musetta, al final del segundo acto de 'La Bohème', a cargo de Ópera 2001. :: l.r.
Escena del zapato de Musetta, al final del segundo acto de 'La Bohème', a cargo de Ópera 2001. :: l.r.
  • Ópera 2001 representa en el Teatro Bretón 'La Bohème', de Puccini, una de las obras maestras del melodrama italiano

«... Montmartre se ve triste y las lilas están muertas. Éramos jóvenes, éramos locos. La bohemia, la bohemia. Eso ya no significa nada en absoluto». En el muy recomendable espacio de TV3 'Òpera en texans', asegura el divulgador Ramon Gener que la hermosa canción popularizada por Charles Aznavour condensa en apenas cuatro minutos el espíritu al mismo tiempo romántico y realista de 'La Bohème', una de las obras maestras de Puccini, que la compañía Ópera 2001 representa hoy en el Bretón.

La función (a las 20.30 h.), un paréntesis en pleno Festival de Teatro, tiene a Martín Mázik, Roberta Matelli y Luis Miguel Lainz como directores. La interpretan los solistas (sin precisar), la orquesta y los coros de Ópera 2001. Y cuenta, como siempre en Logroño, con la colaboración de Amigos de la Ópera de La Rioja.

'La Bohème' del compositor Giacomo Puccini (1858-1924), anterior a sus otros éxitos 'Tosca', 'Madama Buterfly' y 'Turandot', es sin duda una de las obras maestras del melodrama italiano y una de las óperas más admiradas. Fue estrenada en 1896 en el Teatro Regio de Torino bajo la dirección de Arturo Toscanini y, como tantas veces sucede, tuvo una fría acogida, aunque no tardaría en popularizarse. Hoy día es la cuarta más representada en el mundo.

El argumento de los libretistas Giuseppe Giacosa y Luigi Illica, basado en la novela 'Escenas de la vida bohemia', de Henry Murger, publicada por entregas a lo largo de cinco años en un periódico, está ambientado en el Barrio Latino del París de 1830 y narra las vivencias de algunos jóvenes artistas, libres pero pobres que, llenos de ideales y de esperanza, deben afrontar las pequeñas y grandes dificultades de la vida antes del siempre irremediable trágico final.

«'La Bohéme' -afirma Matelli- toca a fondo el corazón de todos porque no solo es posible en el París del siglo XIX sino en cualquier época y lugar: la felicidad, el amor, las peleas, la fama, la convivencia diaria, el dolor y la muerte hacen que esta ópera, en cualquier situación triste, nostálgica y melancólica con momentos cómicos, divertidos y caricaturescos, exprese la realidad del día a día y de todas las personas, llevando al público a identificarse, a reír y a llorar con los protagonistas sobre el escenario. Al fondo la ciudad y su ambiente son dibujados de forma magistral».

El estilo musical es «fruto original y coherente» de la reelaboración de varias influencias: del romanticismo alemán a Bizet, de la ópera lírica francesa a la novela de salón, e inconfundiblemente del intenso lirismo de la melodía y de la armonía moderna y refinada. «Puccini logra crear, a través de la música, personajes con caracteres bien distintos, con personalidades y pasiones propias: el poeta Rodolfo, el pintor Marcello, el filósofo Colline, el músico Schaunard, los bohemios, y Mimí y Musetta tienen todos una precisa identidad psicológica que su partitura resalta, tocando en lo más profundo de la cuerda del ánimo humano».

«Es una de las óperas donde existe mayor posibilidad de crear situaciones verdaderamente muy actuales, llenas de sentimiento y de comprender a través de la partitura, incluso el chispear del fuego, la más intima expresión de los personajes».