La Rioja

El salvaje estallido del color

'Big Ben. Londres' obra que  Derain pintó en 1906. :: J. R. ladra
'Big Ben. Londres' obra que Derain pintó en 1906. :: J. R. ladra
  • Fundación Mapfre recrea con 155 obras la fugaz revolución de la fieras fauvistas

Salvaje, fugaz y decisivo. Así fue el fiero movimiento fauvista. La primera revolución plástica del siglo XX, que convirtió al color en emperador de la pintura. Fue más allá que el impresionismo, situándolo en el epicentro de la obra de arte, muy por encima de la línea, el tema o la composición. Fue un feliz, salvaje y efímero estallido de color que se produjo en 1905 y duró apenas hasta 1907.

Los fauvistas, las fieras de aquella explosión cromática que removió los fundamentos del arte, no fueron un grupo homogéneo ni se asentaron sobre un manifiesto. Eran amigos, jóvenes artistas con intereses comunes y convencidos de que el color era la expresión máxima de la emoción, la libertad y la imaginación. Cambiaron, sin proponérselo, la historia del arte. Matisse fue el patriarca de este fugaz movimiento que duró solo dos años, pero cuya onda expansiva se dejó sentir a lo largo de todo el siglo XX y llega hasta nuestros días. La Fundación Mapfre lo revisa ahora en su gran exposición de la temporada, 'Los Fauves; la pasión por el color', que estará en cartel hasta enero de 2017. Reúne lo más brillante de la espectacular producción de este influyente y determinante movimiento que reivindicó la capacidad de la pintura en sí misma como potente medio expresivo.

En su completo recorrido cronológico, la muestra concentra en su salas de Madrid más de 155 obras desplegadas en cinco secciones. Hay un centenar largo de pinturas, numerosos dibujos, acuarelas y una selección de piezas de cerámica, lo más desconocido de la heteróclita producción fauvista. Es la primera gran muestra que lo aborda en profundidad en España y la más importante dedicada a este ismo crucial.

Henri Matisse, André Derain y Maurice de Vlaminck son los tres audaces precursores, y líderes luego, de un movimiento liberador, polémico y exuberante, basado en la exaltación de los tonos puros. Se cocinó en el taller de Gustave Moreau, maestro de varios de los futuros 'fauves' y situó la independencia del color en el centro del debate artístico. Un planteamiento realmente revolucionario para la época. «Es la primera gran vanguardia artística del siglo XX», destaca María Teresa Ocaña, comisaria de la exposición. Fue un movimiento nada premeditado y sin un fundamento teórico en torno al cual se aglutinaron unos jóvenes entusiastas que amaban el color y la vida con pareja intensidad.

Su escandaloso bautizo tuvo lugar en el salón de otoño de 1905 en París, cuando el crítico Louis Vauxcelles se enfrentó a aquellos cuadros de exuberante y salvaje colorido que atisbó entre dos esculturas clásicas de mármol expuestas en las sala VII del salón. 'Donatello entre las fieras', escribió, acuñando una feliz expresión que perduró a pesar de llamar fieras, 'fauves' en francés, a los osados e iconoclastas artistas y resaltar así la intensa tonalidad de su telas.

«Aquella eclosión de color causó escándalo y sorpresa, pero fue finalmente apadrinada y asumida por los críticos y los marchantes más audaces, como Vollard», explica la comisaria. «Los fauvistas van más allá de los impresionistas, neoimpresionistas y postimpresionistas en el tratamiento del color. Al exacerbarlo lo reivindican como expresión de su imaginación y su hondo sentimiento de libertad», apunta Ocaña. «Matisse, para quien el color debía ser pensado, sentido e imaginado, es el padre, pero la importancia de esta exposición radica en que muestra el papel de cada creador para ofrecer una visión global de todos. Celebra al grupo no a sus figuras», resume Ocaña.

El fauvismo apenas duró «un suspiro» según la comisaria. «Pero dejó un profunda huella en movimientos posteriores como el expresionismo, y el expresionismo abstracto, o el cubismo, además de un corpus ingente de obras, muchas de ellas iconos del arte del siglo XX», precisa Ocaña. Algunas están en la muestra, como el 'Big Ben' nocturno y añil que Derain pintó en 1906, el 'Desnudo sentado' y el 'Paysage de Provence' de Georges Braque o los retratos que Matisse realizó a Derain y viceversa. Acróbatas de la luz, furibundos malabaristas del color, el heterogéneo grupo intercambió experiencias, talleres y modelos. Enseguida se incorporaron nuevas firmas y valores como Albert Marquet, Henri Manguin, Charles Camoin, Jean Puy, Raoul Dufy, Georges Braque, Georges Rouault y Kees van Donguen, todos representados en la muestra que ha sido posible gracias al apoyo de los más de ochenta prestadores.