La Rioja

GALARDONES

La gente se solivianta con el tema de los premios, pero no con el Planeta ni con el Princesa de Asturias; las muchedumbres se encienden con trofeos más prosaicos, como el Balón de Oro. Todo el mundo ha comprobado como el personal se acalora hasta la deflagración con tan dorado botín. «Messi es mejor que Cristiano», «Iniesta se lo merece», «Es una vergüenza mundial, ¡un escándalo!», se escucha en las televisiones y en las tertulias del bar. Sólo hay otro premio en España que inflame tantas pasiones como el del Balón de Oro: el ganador de Gran Hermano. El nuestro es un país de maletines, ya se sabe.

Por eso es interesante lo que está pasando este año, ya que nunca antes las calles y los vertederos de las redes sociales habían hablado tanto del Nobel de Literatura.

Lo más pintoresco de otorgárselo a Bob Dylan ha sido precisamente eso, que gentes de todas clases se han lanzado a opinar sobre música y literatura sin tener la menor idea de nada en absoluto. Esto es típico de nuestro país, aunque claro, aquí todos coreábamos a Dylan sin saberlo en las canciones de misa: «Saber que vendrás, saber que estarás, partiendo a los pobres tu pan». Gloriosa versión, celestial.

El último capitulo de este sainete es que la Academia Sueca ha dejado de llamar a Dylan para darle la noticia. No hay manera, Dylan no responde y después de cuatro días marcando su teléfono los suecos desisten. «No coge, Majestad, no coge», le susurran los suecos al Rey Carlos Gustavo; Dylan no responde y los organizadores temen que el cantante americano termine por no venir y se sume a Sartre y Pasternak, los dos únicos ganadores que nunca recogieron el premio.

Dylan pasa de todo desde hace años, y con transcurrir del tiempo se ha ido convirtiendo en un incomprensible signo de interrogación. El americano se empeña en huir de su leyenda metido en una cápsula de ensimismamiento que raya muy a menudo con la mala educación. Lo escribió Ignacio Sáenz de Tejada en 'El País' hace 25 años tras un concierto en Sevilla: «Con Dylan pasa como con Camarón: ¿Está o no está? ¿Viene o no viene? ¿Actúa o no actúa? ¿Es él, su fantasma o su sombra?». Esto andan preguntándose en Estocolmo, aunque Dylan ya les contestó hace mucho: la respuesta, amigos suecos, está en el viento.