La Rioja

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DUDA RAZONABLE

Salí de la vista con una duda razonable y aún no podría afirmar categóricamente si los hechos que aquí se juzgan son constitutivos de los delitos de usurpación de identidad, apropiación indebida y malversación de contenidos, ni si los presuntos autores intelectuales y materiales de los mismos son culpables o inocentes por concurrir poderosas circunstancias atenuantes. Me veo pues obligado a recurrir a precedentes jurídico-dramáticos para no errar en el veredicto: ¿quién querría enviar un inocente a la horca o un criminal a las calles? Citaría, para iluminar los ensombrecidos ideales de justicia y verdad en los que creo, a mi colega Atticus Fynch en 'Matar a un ruiseñor' o a su señoría Spencer Tracy en 'Vencedores o vencidos', pero me ceñiré al caso junto al señor Henry Fonda, jurado número 8 de 'Doce hombres sin piedad'. Esta obra maestra del librepensamiento y no otra cosa es la víctima de 'El jurado'.

En el banquillo de los acusados: Eduardo Velasco y Cuca Escribano, responsables de Avanti Teatro y actores; Luis Felipe Blasco Vilches, autor por encargo de la productora; el director Andrés Lima; y siete actores más, Pepón Nieto, Isabel Ordaz, Luz Valdenebro, Víctor Clavijo, Josean Bengoetxea, Usun Yoon y Canco Rodríguez. Cabe alegar en su defensa que a todos les mueve el noble fin de hacer teatro social y de denuncia de una fea realidad muy necesitada de ver su auténtica cara en el espejo: la corrupción política que a todos asquea -vienen a decir- no es sino un reflejo de la corrupción generalizada de la sociedad misma y de la corrupción potencial de cada uno de sus individuos. La cuestión no es tanto si es justa la institución de la Justicia, sino si lo somos nosotros. Hay verdad y autocrítica en ello y por ello merecen mi voto de inocentes.

Pero el fin, por noble que sea, no justifica los medios. Me pregunto si, puesto que en verdad no pretendían versionar los 'Doce hombres...' de Reginald Rose ni la memorable película de Sidney Lumet, no podían simplemente haber partido de cero y haber creado su propio thriller sin pervertir la memoria del original aprovechándose de su magnífica estructura dramática. Eso les hace culpables, más culpables aún si se les compara con el monumental Estudio 1 protagonizado por los gigantes José María Rodero, José Bódalo, Ismael Merlo y Luis Prendes; algo inalcanzable por más vueltas que le dé al escenario giratorio mi muy admirado Andrés Lima, parco aquí y decepcionante.

Así, entre culpable o inocente, no logro despejar la duda razonable; yo aprendí a sondear las grietas de mi conciencia con aquellos clásicos ante los que estos ejercicios malabares resultan gestos de rendición. Para no resignarme a ellos, terminaré con el alegato final del letrado Paul Newman en 'El veredicto' (otra vez Lumet): «Casi todo el tiempo nos sentimos perdidos. No hay justicia. Estamos hartos de oír mentir a la gente. Nos volvemos indiferentes. Dudamos de nosotros mismos. Cuestionamos nuestras creencias. Y cuestionamos la ley. Pero hoy la ley son ustedes. Ustedes son la ley. Y si queremos tener fe en la justicia solo tenemos que creer en nosotros mismos y actuar justamente. Creo que hay justicia en nuestros corazones».

¿Ingenuo? Juzguen ustedes.