La Rioja

«La gracia es poder acercarnos a un clásico de una manera más desenfadada»

El ilustrador José María Lema posa con el editor de Pepitas de Calabaza Julián Lacalle. :: sonia tercero
El ilustrador José María Lema posa con el editor de Pepitas de Calabaza Julián Lacalle. :: sonia tercero
  • Pepitas de Calabaza lanza una nueva edición de las 'Gracias y desgracias del ojo del culo' de Quevedo, prologada por Cuerda

  • José María Lema Ilustrador

La editorial Pepitas de Calabaza y el ilustrador riojano José María Lema, profesor de la ESDIR, vuelven a trabajar juntos después de la publicación del ensayo 'El arte de tirarse pedos' de Pierre-Thomas-Nicolas Hurtaut. El nuevo libro es 'Gracias y desgracias del ojo del culo', otro escatológico tratado ilustrado por Lema, aunque escrito por Quevedo y prologado por José Luis Cuerda. Los dibujos del libro se exponen en el Espacio Santos Ochoa.

¿Se interesó usted mismo por el libro o ha sido un encargo?

Es un encargo, como el de 'El arte de tirarse pedos'. Es un poco escatológico para lo que yo suelo hacer pero lo hemos hecho lo más suave posible. Es un encargo entrañable.

¿El contenido escatológico le ha supuesto un problema o mayor trabajo al abordar las ilustraciones?

Son trabajos divertidos por la guasa de Quevedo, que tiene mucha enjundia. A la hora de abordarlo desde la ilustración hay que tener cierta flema para no caer en lo grotesco o burdo sino mantener cierto tempo y salir del paso con elegancia. Ya sabíamos que Quevedo tenía mala leche, pero la ironía que destila es superdivertida, así que también ha supuesto un acercamiento jocoso, divertido. La gracia es poder acercarnos a un clásico como Quevedo desde una manera más desenfadada.

¿Ha contado con alguna referencia o influencia artística?

Concretar cómo es determinada parte humana, según cómo se ha representado en las Bellas Artes... Yo siempre me acuerdo del grabador de del siglo XVIII Jacques Callot, que firmaba con el dibujo de un muñequito sacándose la tinta de cierta parte. Quizá era el único referente visual que tenía. Hay referencias explícitas a esa época, el Siglo de Oro, el Barroco, Velázquez, la pintura de cámara real... pero yo uso un estilo más infográfico, digital, esencial.

¿Siente que este libro es políticamente incorrecto pero que le salvaguarda el haber sido escrito por Quevedo? No obstante, las 'Gracias y desgracias...' se dirigen a «doña Juana, mucha, montón de carne, mujer gorda por arrobas».

Vivimos unos tiempos en los que lo 'políticamente incorrecto' puede llevarnos a censurar la naturalidad y espontaneidad. Tener que medir cualquier tipo de comentario en un mundo con tanta tecnología... Por un simple comentario ha habido carreras de políticos que se han venido abajo. Ciertas espontaneidades corren riesgo porque vivimos en un mundo más afectado de lo que pueda parecer. Tenemos que estar tan preparados sobre cómo nos van a ver que tenemos que medir mucho nuestro discurso con respecto al espectador y eso coarta, es verdad.

¿Con sus ilustraciones ha intentado rebajar el tono de Quevedo?

Quevedo también mide mucho sus palabras, es interesante el artificio que hace para decir la mayor de las burradas. Al final lo dice de una manera muy oblicua. Podrías caer en lo burdo, grotesco y chabacano, que también tiene su público, pero esta ha sido mi visión personal.

Pero, al final, por cómo son de explícitas las últimas ilustraciones, ¿no ha acabado usted mismo imbuido del espíritu de Quevedo?

No queda más remedio, al final acabas pringado. Es inevitable. Salvo en la imaginería satírica, este tipo de imágenes han sido censurables por el mal gusto que podían tener. Es de los ojos menos vistos...