La Rioja

Europa pone a prueba su tecnología de aterrizaje marciano

Madrid. Su destino aún no se sabe, aunque ya está escrito. Hoy, unos minutos antes de las 17.00 horas, la sonda europea Schiaparelli estará en el suelo de Marte, intacta o en mil pedazos. El domingo se separó de su nave nodriza y su ordenador de a bordo recibió las instrucciones definitivas. Una secuencia de maniobras automáticas diseñadas para que la nave atraviese la atmósfera marciana sin desintegrarse, frene desde los 19.000 kilómetros por hora hasta cero en solo seis minutos y se pose en la superficie sin desperfectos. Si lo consigue y establece comunicación con la Tierra, la Agencia Espacial Europea (ESA) pasará a formar parte del selecto club de los que saben aterrizar en el planeta rojo.

La sonda Schiaparelli es el segundo intento de Europa de llevar una sonda hasta el suelo marciano (y el ensayo de una misión más ambiciosa: posar el 'rover' Exomars, un laboratorio teledirigido del tamaño de un coche y preparado para buscar pruebas de vida -presente o pasada- en Marte). Solo la NASA ha logrado aterrizar a salvo algo tan grande y sofisticado.

El plan de aterrizaje de Schiaparelli fácil de explicar y difícil de ejecutar. El primer frenazo lo hará contra la tenue atmósfera de Marte. A unos miles de metros de altitud desplegará un paracaídas supersónico que reduzca su velocidad a unos pocos cientos de kilómetros por hora. Por último, unos retrocohetes de hidracina la llevarán en un descenso controlado hasta dos metros del suelo, donde cortará motores para chocar con una barriga semiflexible.

La nave nodriza se desviará para entrar en órbita marciana y cumplir funciones científicas -estudiará si las emisiones de metano son orgánicas o geológicas- y de comunicaciones con la Tierra.