La Rioja

De Rafael Azcona a un buen amigo

Chechu León, Javier García, Pedro Olea y Bernardo Sánchez, antes de la entrega del premio. :: m.f.
Chechu León, Javier García, Pedro Olea y Bernardo Sánchez, antes de la entrega del premio. :: m.f.
  • Octubre Corto entregó ayer el premio Rafael Azcona al director Pedro Olea

Compañeros y aún así amigos. Así se podría definir la relación entre el vizcaíno Pedro Olea y el genial guionista riojano Rafael Azcona. Después de que éste fuese el punto de mira de Octubre Corto durante algún tiempo para ingresar en una lista de premiados que incluyen nombres como los de Jorge Sanz (2015), José Luis Cuerda (2013) o Antonio Mingote (2009), ayer llegó el momento de poder homenajear al director, productor y guionista vasco con el premio que lleva el nombre de un 'gran amigo'.

Olea estudió en la Escuela Oficial de Cine hasta 1964 y completó su formación práctica en Televisión Española, donde realizó mediometrajes documentales y de ficción. Podía haber terminado la carrera de económicas o regentar algún restaurante como toda su familia, pero él se enamoró del cine. Su primera película, 'Días de viejo color', fue premiada por el Círculo de Escritores Cinematográficos. Le seguirían 'El bosque del lobo', 'No es bueno que el hombre esté solo' y 'Tormento', entre otras. En 1984 regresó a su tierra natal para filmar 'Akelarre', y en 1986 repitió con 'Bandera negra'.

Pero su historia de cine también está muy relacionada con la del gran guionista riojano. Coincidieron a mediados de los años 70 con el trabajo en dos películas. Primero fue en 'Pim, pan, pum... ¡Fuego!' en 1975 y sólo tres años después en 'Un hombre llamado flor de otoño' en 1978. Después sus carreras irían casi en paralelo. Incluso coincidirían en ser premiados en 1993 en los premios Goyas. Azcona lo sería por el guión original de Belle Epoque, uno de los seis goyas que nunca recogió en persona, y Olea por 'El maestro de esgrima' en la categoría de mejor guión adaptado.

Ayer volvieron a coincidir sus nombres, esta vez en forma de premio. «Era una gozada trabajar con Azcona, recuerdo que no tomaba notas de lo que querías, simplemente te escuchaba y a las pocas semanas te traía un guión perfecto», cuenta Pedro Olea, al que Bernando Sánchez presentó ayer como una de las personas más entrañables y más imprescindibles del cine español de aquella época.

Muchas veces más estuvieron a punto de trabajar juntos. «Ambos queríamos repetir porque las experiencias habían sido muy buenas pero nunca se volvió a dar la ocasión», recuerda. Incluso «muchos querían que coincidiésemos porque las dos películas que hicimos juntos funcionaron de miedo no sólo por la taquilla sino también porque tuvieron críticas muy buenas, pero es que era muy fácil trabajar con él», rememora.

Por eso para él fue todo un sueño cuando le dijeron desde Octubre Corto que era el elegido de 2016 para recibir el premio Rafael Azcona. Ayer este sueño se hizo realidad.