La Rioja

Las familias reclaman más medios para detectar a niños superdotados

Un niño superdotado pinta en un cuaderno acompañado por su padre. :: mireya lopez
Un niño superdotado pinta en un cuaderno acompañado por su padre. :: mireya lopez
  • Rechazo, fracaso escolar y depresión son algunas de las consecuencias que pueden sufrir estos alumnos ante la falta de una educación inclusiva

Poseer una inteligencia privilegiada ofrece numerosas ventajas, pero también es un foco de problemas si no se sabe detectar a tiempo. Inconvenientes para el pequeño, que se siente fuera de sitio; para los padres, que no comprenden la situación y buscan respuestas de forma desesperada; y para los profesores, incapaces en muchos casos de detectar a los alumnos que son superdotados -aquellos que tiene un cociente intelectual superior a 130- o a los niños con altas capacidades intelectuales -con un cociente de 120 como mínimo y donde se evalúa también la creatividad y la eficacia en el desarrollo de las tareas- porque no tienen la formación adecuada.

Dos conceptos que en muchos casos se sobreponen y que se llegan a confundir con un Trastorno por Déficit de Atención e Hiperactividad (TDAH). «Hay muchos niños medicados para el TDAH que realmente son superdotados», explica Carmen Sanz, presidenta de la Fundación El Mundo del Superdotado. «Son perfiles que se confunden», reconoce Luis García, director del colegio madrileño Areteia, especializado en la educación inclusiva. Ambos participan en el cuarto congreso de superdotación y altas capacidades en el que progenitores, maestros y psicólogos debaten sobre la situación de estos pequeños y los principales escollos que encuentran las familias en el día a día.

El primer inconveniente está en el desconocimiento de los datos. Según el Ministerio de Educación, con cifras del curso 2014-2015, hay 19.187 superdotados en las aulas. Solo representan un 0,24% de la masa académica. «Faltan por identificar más de 142.000 alumnos, ya que la proporción de niños superdotados es del 2% de la población», explica Sanz. La falta de medios para detectarlos y de una educación adecuada provocan, a su vez, una serie de problemas.

Por una parte, emocionales. «Un niño de ocho años tiene una edad mental de uno de once. No encaja con sus compañeros, lo que le lleva muchas a veces a encerrarse porque nadie le comprende. Esta situación provoca problemas de rechazo por parte de sus compañeros que se concretan de forma pasiva, como no invitándole a un cumpleaños, o de forma más activa, con un rechazo más visible que puede llegar al acoso escolar. No son raros los problemas de depresión», apunta la presidenta de la fundación.

En el aspecto académico, estos niños tampoco se sienten identificados. «Cuando uno tiene gran capacidad y lo que se le requiere en la escuela está muy por debajo de sus aptitudes, acaba primero aburriéndose y luego desconectando. Y cuando llegan a la ESO, no han desarrollado la capacidad de estudio y de esfuerzo y en muchos casos empiezan a suspender», añade Sanz, que indica como solución fácil subir a estos niños de curso. «Hay que educarlos no por fecha de fabricación sino de capacidad», indica. Una opción que se ha complicado por la «necesidad de convencer a mucha gente y el exceso de burocracia». «Pero para repetir curso, no hace falta nada», recalca.

Una burocracia que, además, complica la identificación de los alumnos con capacidades intelectuales. No existe un criterio común para saber cómo detectar estas aptitudes. Algunas regiones aplican, según el informe que se presenta hoy, la teoría de los Tres Anillos de Renzulli «mal entendida e interpretada» porque se mide la alta capacidad intelectual, alta creatividad y alto rendimiento. «Se deja fuera a miles de alumnos desmotivados», indica el estudio, que también critica que se evalúe a partir de los 12 o 13 años cuando se puede hacer una década antes. Esta ausencia de un «criterio concreto y de una normativa específica» provoca que la decisión de evaluar a los estudiantes se deje en manos del tutor, «que en su mayoría no tiene formación específica y confunde superdotación con alto rendimiento escolar».

Una muestra de la forma dispar de detectar a estos jóvenes son los datos del Ministerio. Mientras que en Murcia hay registrados 3.140 alumnos con capacidades entre 287.273 estudiantes, en la Comunidad Valenciana solo hay detectados 94 con una población de 858.994 estudiantes, una prueba de los «fallos del sistema».