La Rioja

UN EXCELENTE TORO DE LA PALMOSILLA

Los cinco toros de Daniel Ruiz que pasaron reconocimiento fueron de traza, remate y trapío muy dispares. Los dos últimos, protestados de salida, solo por dar en el registro los quinientos kilos justos. Eran del primitivo tipo culopollo de Jandilla. Como el que acaba de ser arrasado, el cuarto, fue de los de romper la báscula -580 kilos, mucha culata, la badana curtida propia de los cinqueño-, el contraste se hizo notar. No es que estuvieran demasiado bien hechos los dos protestados pero al salir a escena parecieron de otra corrida.

Cuarto y sexto, sin embargo, lucieron casi idéntica pinta. Castaños lombardos. Carifoscos y ojalados, la mancha oscura en los carrillos, la frente lavada, pálido el hocico. Como hermanos, pero en muy distinta la escala. Es pinta clásica y habitual en la ganadería de Daniel Ruiz.

El cuarto, muy cabezón, corto de cuello y colín, manseó muy en serio. Es decir, escarbando con aire fiero, arreando después de haberse frenado, renegado y escupido en estampida del caballo, y de amenazar desde el primer rebote con irse adonde fuera. Los mansos encastados, o los encastados mansos, suelen ser espectaculares y este cuarto, con su brusco halo, y su manera de volver contrario y de soltarse a toda pastilla tras solo el primer viaje de vuelta, no se paró ni para tomar aire.