La Rioja

La búsqueda de palabras  que iluminen

La búsqueda de palabras que iluminen

  • «Desde la ingenua creencia de que el cultivo de las sensibilidades artísticas, la búsqueda de palabras que iluminen, la transmisión de pensamientos y de sentimientos... pueden abrir a martillazos pequeñas rendijas de oportunidad»

El mundo anda jodido. Lo vemos día a día. Miras alrededor y todo duele. Unos veinte conflictos armados en activo y otros tantos latentes. Hileras de personas de miradas perdidas a lo largo de una carretera. Imágenes de otros siglos.

La desigualdad aumenta. Ricos más ricos. Pobres más pobres. Muertos de hambre por miles todos los días, mientras la mitad de la comida producida se tira a la basura.

El comercio de armas crece y crece. Los cinco miembros permanentes del Consejo de Seguridad de la ONU son los primeros vendedores. Veinte mil cabezas nucleares en perfecto estado de revista (¿lo habíamos olvidado?). Ahí están. En cinco minutos destruirían toda la vida en el planeta cien o doscientas veces.

Las mafias que comercian con carne humana aumentan su negocio. Con las armas y las drogas, el 30% de la economía mundial en negro. En un sistema que reniega con la boca pequeña de los paraísos fiscales pero que sin ellos se desmoronaría. Un sistema delincuente, en el que la delincuencia es norma, no excepción. Las leyes están hechas sólo para los débiles. Multinacionales que someten estados.

Sistema, por otro lado, curioso. Se sabe suicida, pero parece que le diera igual. Cada vez hay que producir más para ganar lo mismo (se llama ley de rendimientos decrecientes y no es un invento moderno) hasta que haya que producirlo todo aún sin obtener ganancia. Así, este postcapitalismo que nos acontece va entrando en barrena. Las tasas de beneficios de la economía ordinaria ya no sirven. Hay que hincar el diente a la sanidad, la educación, las pensiones... Hay que reducir los gastos de personal (siempre hay que reducir los gastos de personal) y agotar el petróleo y esquilmar la selva y derretir los polos y urbanizar la costa y reducirlo todo a magnitudes económicas... y montar más guerras. Sobre todo, montar más guerras. Destrucción creativa. Hacer y deshacer, todo es hacer. El negocio del siglo: gano fabricando armas, gano expoliando lo que he conquistado con las armas, gano reconstruyendo lo que ha destruido con las armas, gano gestionando el miedo que he generado con las armas...

Sesenta y cinco millones. Es el número de refugiados que hay actualmente. Cinco mil. Es el número de muertos en el Mediterráneo en lo que va de año. Doce mil millones. Es el número de balas que se fabrican al año (12.000.000.000).

La simple vista de la Tierra desde el espacio, una pequeña bolita perdida en la inmensidad -más aún si consideramos que esa singularidad cósmica que llamamos vida se desarrolla tan solo en una fina cascarilla alrededor de la bolita-, debería hacernos cambiar radicalmente la ética de la conquista por la ética de los ciudadanos.

¿He dicho ya que miras alrededor y todo hace daño? A no ser que mires, claro, con los ojos del telediario, de la desinformación, de la intoxicación, del fútbol es fútbol, de Gran Hermano... Entonces no, entonces no duele nada. Vives y punto. Los que vengan detrás que arreen. No hay cambio climático ni plástico en el océano. Pero millones de miradas de ojos infantiles exigen una respuesta a su hambre y a su ausencia de hogar. Y exigen alguna certeza en su futuro.

La imagen de Aylan, pirograbada en la retina, quema. Sí, miras alrededor y todo duele. Y solo mitiga ese dolor la voluntad de hacer algo. La dedencia que te grita desde las entrañas. El imperativo categórico. La moral heredada y construida siglo a siglo. Para algunos, en el Ateneo, desde la insignificancia y desde la modestia, desde el ideario humanista, fraternal e internacionalista. Desde la ingenua creencia de que el cultivo de las sensibilidades artísticas, la búsqueda de palabras que iluminen, la transmisión de pensamientos y de sentimientos... pueden abrir a martillazos pequeñas rendijas de oportunidad.

Y ahí estamos, digo, en el Ateneo, la 'casa de todos'. No sé si por todo eso o si a pesar de todo eso. Un curso más que ahora comienza. Exorcizando el nihilismo. Sin consentir que nos roben la alegría. Sin cometer el error de no disfrutar de cuanto la vida nos ofrece. Que, al fin y al cabo, Dionisos hermano es de Atenea. Convivir, compartir, conversar.