La Rioja

VOLVER A EMPEZAR

P rimera película de la realizadora canaria Alba González Molina con una historia de corte intimista, filmada de forma independiente y con una evidente falta de medios. A partir de ahí, cuenta la historia de una chica francesa que intenta volver a empezar más allá de su entorno vital, en un recóndito lugar de la agreste comarca del Bierzo, habitado por una comuna que tiene mucho de hippie. Leve premisa argumental utilizada por su máxima responsable como una huida hacia adelante, lejos del mundanal ruido, de los espejismos de la vida moderna, rumbo a una naturaleza donde nada es superfluo.

Personaje encarnado por la desconocida actriz gala Marine Discazeaux con la entrega exigible en estos casos, en una cinta que desgrana asimismo reflexiones existenciales relacionadas con las utopías, un poco en la línea preconizada en el siglo XIX por Étienne Cabet, fundador del efímero 'Movimiento Icariano'. Pensamientos provocados sin duda por esa especie de desilusión generalizada que muchos jóvenes experimentan en estos momentos a escala global. Por otra parte, 'Julie' rompe una lanza en favor de una nueva feminidad, que apuesta más por el ser que por el tener.

La búsqueda de la esquiva felicidad también ocupa un lugar destacado en esta bienintencionada película, que aboga por el cariño, la ternura como el colmo de la dicha, en el sentido de que la riqueza, el éxito, el triunfo y la misma gloria pueden aumentar la felicidad pero en ningún caso darla. En fin, son apuntes esbozados en un esfuerzo creativo resuelto con más voluntad que acierto.

Sea como sea, lo mejor de 'Julie' radica en el hecho de afrontar temas importantes desde una óptica personal e intransferible. Cada gesto, cada mirada, cada diálogo están cargados de significados. Son conceptos últimamente convertidos en tabúes bajo el imperio de la frivolidad, cuando no de la más abyecta vulgaridad.