La Rioja

EL ESPECIALISTA

Han pasado cinco largos años desde el estreno de 'The Mechanic' (Simon West, 2011) y Jason Statham sigue totalmente en forma, agrandando la filmografía tipo de un personaje que pese a puntuales derivaciones cómicas ('Espías', 2015) o dramáticas ('Redención', 2013) es siempre el mismo, indistinguible en sus mutaciones ya se hable de 'Parker' (2013), 'El protector' (2013) o 'Safe' (2012).

Atrás quedaron las dos joyas en continuidad de su larga carrera en solitario, 'Crank: Veneno en la sangre' y 'Crank: Alto voltaje', frente a las que esta secuela es poco más que un lunes cualquiera en el gimnasio. Siguiendo el libro de estilo que perfiló Simon West en 'The Mechanic' (adaptación de 'Fríamente... sin motivos personales', de Michael Winner), el guión de 'Resurrection' se apunta a los macroescenarios tipo sandbox (sin límites) en los que se juegan sagas multimillonarias como 'Fast and Furious' y 'James Bond', lo que significa un intento por corregir la atrofia de su estructura narrativa con saltos espaciales que trasladan la acción desde Río de Janeiro hasta los Balcanes pasando por Sidney, Rumania o Phuket en muy pocos cortes.

Junto a Statham aparece Jessica Alba en el papel de una doncella en apuros sin hueco posible en una ecuación donde sus apariciones restan equilibrio a la armonía del conjunto y pese a que el guión trata de enfatizar la utilidad y profundidad del personaje. Si ya es difícil encajar a Jessica Alba en cualquier película lo es más cuando se pretende hacerla pasar por una bimbo latina remotamente inspirada en Aung San Suu Kyi, lo que contrasta con lo bien que interpreta el rol de «toma el dinero y corre» un veterano como Tommy Lee Jones.

Un producto etiquetado en B que es fiel a lo que promete: acción contundente y enajenada para los espectadores hastiados de la pomposidad del último Bond.