La Rioja

BOOM

En el año 2003 el diario ABC hizo una entrevista al secretario de Estado de Economía, cargo que por entonces ocupaba Luis de Guindos. En esa entrevista que ha tratado de olvidar una y mil veces, el actual ministro en funciones dejó esta frase para imprimir y colocar en un marco: «En España no hay burbuja inmobiliaria». Esto también lo dijeron hasta el empalago muchos otros sabios de la economía: Jaime Caruana, Montoro, Álvarez Cascos... todos negaban con enormes aspavientos la existencia de una pompa que se inflaba como un globo con el beneplácito -hay que decirlo- de ayuntamientos y especuladores. El mismísimo Botín, categórico y circunspecto, afirmó rotundamente que la burbuja no existía, y que el informe del Banco de España que alertaba del alza en el precio de la vivienda se había entendido mal. Era también 2003, y don Emilio dio aquellas declaraciones desde el Salón Inmobiliario de Barcelona.

Con las burbujas pasa siempre como con el traje nuevo del emperador, que nadie se atreve a decir la verdad por la que se pueda armar. Así le ocurrió a Zapatero con la burbuja financiera. «No hay crisis, no hay crisis, no hay crisis», repetía por todas partes con mirada de lunático. «No hay atisbo de recesión económica, España está totalmente a salvo de la crisis financiera». Año 2007; éramos la Champions, ya se sabe.

Las burbujas son muy fáciles de ver pero es complejo denunciarlas, porque a medida que se inflan van a atrapando a gente en su interior, y nadie quiere admitir que la bomba va terminar reventando con ellos dentro. Por eso hoy hay que decirlo: hay una nueva burbuja, y es gastronómica. Todo negocio que se inaugura es un bar o un restaurante: hamburgueserías de diseño, modernas tabernas de fusión, cafeterías que ofrecen pinchos de todas clases, coctelerías, espacios gastro hipsters con wifi y música en directo... y así hasta agotar la imaginación. En España el número de bares y restaurantes supera los 260.000, y el sector hoy da trabajo a más de un millón de personas; números que no hacen sino crecer, soplidos dentro de una flamante burbuja de sabores.

Mientras cierran librerías y se abren restaurantes llegará un día en el que explote, y entonces estaremos con Jack Nicholson en el bar de 'El Resplandor', bebiendo y hablando solos ante un camarero fantasma.