La Rioja

Las 'Inmaculadas' del Prado, ideal de belleza

Cuatro de las seis 'Inmaculadas' que el Museo del Prado reúne en el edificio Villanueva. :: Ángel Díaz / EFE
Cuatro de las seis 'Inmaculadas' que el Museo del Prado reúne en el edificio Villanueva. :: Ángel Díaz / EFE
  • Revisa un tema esencial del barroco a través de tres pinturas de Zurbarán y otras de Juan Valdés Leal, Francisco Herrera el Mozo y Mateo Cerezo

  • El museo reúne seis vírgenes de maestros del Siglo de Oro, cuatro de ellas procedentes de la donación de Plácido Arango

La Inmaculada Concepción es un tema recurrente entre los artistas españoles del Siglo de Oro. «Tanto, que la historia de la pintura española en esa época se podría escribir a través del tema de la Inmaculada». Así lo sostiene Javier Portús, jefe del Departamento de Pintura Española hasta 1700 del Prado y responsable de la muestra 'Inmaculadas'. Reúne seis excepcionales vírgenes barrocas a través de las cuales se puede rastrear el ideal de belleza femenina de la época. Cuatro de las pinturas proceden de la generosa donación que realizó en 2015 Plácido Arango Arias, excepcional coleccionista, mecenas y expresidente del patronato de la pinacoteca.

Este verdadero festín de vírgenes incluye las cuatro de la donación Arango -dos de Zurbarán, una de Mateo Cerezo y otra de Valdés Leal-; otra Inmaculada de Zurbarán que ingresó en el Museo del Prado en 1956, y que se expone junto a su radiografía; y una nueva incorporación, una Inmaculada de Francisco Herrera el Mozo, que, según el museo «constituye un aporte significativo a la colección de obras de este autor», cuyo catálogo es relativamente escaso.

Reunidas en la misma sala, conforman «una antología del mejor arte español de los siglos XVI y XVII» asegura Portús, que destacó como esta representación de la virgen era un tema favorito para los artistas, muy conscientes de su tirón» y recordó que «sólo Zurbarán llego a pintar más de una docena de 'Inmaculadas'».

«La Inmaculada Concepción es también uno de los temas más habituales entre los artistas españoles del Siglo de Oro para expresar los sucesivos ideales de belleza femenina», precisa Portús. Fechadas entre 1630 y 1680, las seis telas de la muestra permiten comprobar como la representación de este tema religioso osciló entre dos versiones, una más íntima y circunspecta y otra más colorista y expansiva. «La primera -apunta Portús- subraya la intimidad del recogimiento y la concentración, mientras que la segunda presenta fórmulas barrocas mediante composiciones dinámicas y coloristas».

En la exposición se reúnen la Inmaculada más temprana y la que custodia el Prado, ambas de Zurbarán. «Su comparación desvela las distintas alternativas iconográficas y compositivas que se planteó el pintor al principio de su carrera», señala Portús. Frente a la concentración formal y la introspección emotiva de la que ingresó en el museo en 1956, la Inmaculada de la donación Arango «es expansiva y destaca por el amplio vuelo de su túnica», apunta el experto.

La segunda Inmaculada de Zurbarán, fechada en 1656, es «un puente con la rica tradición de representaciones concepcionistas sevillanas de la segunda mitad del siglo XVII» y «puede compararse con la Inmaculada de uno de los grandes representantes de esta escuela, Juan Valdés Leal, que en su obra de 1682, evita el dinamismo compositivo y la expansión comunicativa que le son característicos, y compone una obra introspectiva y delicada, en la que la joven María se encuentra rodeada por un elaborado contexto teológico», explica Portús.

Otra joya es una Inmaculada de Mateo Cerezo datada en torno a 1660 y «cuyo dinamismo y amplia gama cromática son características que contribuyeron a que la pintura madrileña avanzara en una dirección plenamente barroca», según el museo.

La Inmaculada de Herrera el Mozo ofrece, por su parte, una alternativa a los modelos imperantes en la iconografía mariana española en la segunda mitad del siglo XVII. «Plantea una contención formal y emotiva nada habitual en la época, pero que también aparece en algunas Inmaculadas contemporáneas como la de Valdés Leal».

Estas seis vírgenes se podrán contemplar en la sala 10 A del edificio Villanueva hasta el próximo 19 de febrero. Coincidiendo con la presentación, el Museo del Prado edita una publicación en la que se estudian en detalle cada una de las 26 obras que conforman la donación de Plácido Arango. Se incluye un texto en el que se valora la aportación del conjunto a las colecciones del Prado.

Las 26 piezas maestras de 15 artistas donadas por Plácido Arango y procedentes de su colección de arte antiguo constituyen una de las donaciones más notables en los últimos cien años. Cubre tres siglos, del Renacimiento al Barroco español y Goya, y «ayuda a paliar algunas lagunas de autores importantes que no estaban en el museo» según subrayó en su día el director adjunto del Prado, Miguel Falomir.