La Rioja

«Humboldt es el padre olvidado de los movimientos ecologistas»

El volcán ecuatoriano Chimborazo, donde Humbolt desarrolló el concepto moderno de la naturaleza. :: G. Legaria / Efe
El volcán ecuatoriano Chimborazo, donde Humbolt desarrolló el concepto moderno de la naturaleza. :: G. Legaria / Efe
  • La escritora Andrea Wulf publica 'La invención de la naturaleza', un viaje por la vida del mayor aventurero de los años de la ciencia romántica

Durante siglos se pensó que el Chimborazo, un inmenso volcán en los Andes ecuatorianos, era la montaña más alta del mundo. De alguna forma aún lo es porque su cima es el punto de la superficie más alejado del centro de la Tierra. El científico y explorador Alexander von Humboldt trepó por sus laderas hasta que, a unos 400 metros por debajo de la cumbre, una enorme grieta, y no sus pies ensangrentados, ni el frío ni el miedo, le hizo detener la ascensión. Desde allí contempló la inmensidad y comprendió, por primera vez, que la naturaleza era solo una. Que los animales, las plantas, las rocas, el agua y el aire están unidos en una maraña de relaciones de dependencia. Una idea que aún pervive y que cambió para siempre la manera en la que los humanos miran el planeta que los vio nacer.

Obsesionada por esta idea, la escritora alemana Andrea Wulf se embarcó en una aventura de tres años a la caza tanto del origen de Alexander von Humboldt, como de sus implicaciones para la ciencia y la cultura de las décadas siguientes. Una expedición entre cartas, libros, legajos, archivos y paisajes que ha dado como resultado 'La invención de la naturaleza' (Taurus), una biografía fastuosa y trepidante de Von Humboldt. Un personaje a menudo olvidado pese a que fue un héroe mundial en vida y sigue siendo un referente para los aventureros. Fue un polímata que lo estudió todo, lo investigó todo y gastó hasta el último céntimo de su inmenso patrimonio personal en recorrer el planeta con el mejor instrumental científico disponible.

«Me obsesioné con Humboldt mientras investigaba para otro libro», afirma Wulf, que lleva veinte años afincada en Inglaterra, donde ha escrito otros cuatro volúmenes, todos dedicados a la relación entre los humanos y su entorno. «Su historia vital nos cuenta por qué pensamos como lo hacemos sobre la naturaleza. Es el padre olvidado de los movimientos ecologistas. Además, como tuvo una vida llena de aventuras y viajes alucinantes, es un protagonista muy fácil».

Aún en la veintena y tras heredar una cuantiosa fortuna, Alexander von Humboldt abandonó su carrera profesional en la administración prusiana para dedicarse a la exploración científica. A lo largo de cinco años, recorrió lo que hoy son Venezuela, Colombia, Ecuador, México, Cuba y Estados Unidos con el afán de registrar todo lo que encontrara a su paso. Los animales e insectos de cada sitio, sus plantas, su temperatura, su clima, su altitud y las características del suelo. De todo lo que pudo recogió muestras que llevó de vuelta a Europa. Sus hallazgos permitieron a las ciencias, en ese momento aún incipientes como disciplinas separadas, avanzar durante décadas. «Sin duda fue uno de los grandes observadores de la naturaleza», recalca Wulf. Charles Darwin lo admiraba tanto que llevó los libros de Humboldt a bordo del 'Beagle', en el viaje que dio pie a la teoría de la evolución por selección natural.

Humboldt nunca quiso limitarse a hacer detalladas observaciones, que consideraba importantes pero insuficientes. Para investigar de verdad, decía, hacen falta la pasión y la creatividad. Gracias a esta mezcla, a casi 6.000 metros de altitud en las laderas del Chimborazo, inventó el concepto moderno de la naturaleza. Con esta idea de punto de partida, desarrolló otras igual de relevantes. «Predijo que la actividad humana alteraba el clima, fue crítico con el colonialismo y su tratamiento de las poblaciones locales, también fue de los pocos europeos que hablaba con respecto de los nativos americanos y también fue antiesclavista y antirracista», afirma Wulf. Fue íntimo amigo de muchos de los personajes más relevantes de su época y fue tan admirado por todos que, pese a defender posturas políticas revolucionarias, cobraba un sueldo del monarca absolutista alemán.

«En realidad, mi objetivo era hacer una biografía de la naturaleza, solo que él ha resultado ser el personaje principal», destaca la autora. Para escribir el libro, ella misma recorrió algunos de los parajes de la aventura de Alexander von Humboldt. «Subí al Chimborazo, aunque solo llegué hasta los 5.000 metros, mil menos que él», explica. «No podría haberlo escrito sin hacerlo. Necesitaba encontrar su voz, y él siempre decía que para conocer algo hace falta usar la imaginación y los sentimientos. Necesitaba sentir esa montaña para acercarme a lo que él experimentó».