La Rioja

Un domingo para dejarse llevar por el parque Sierra Cebollera

  • La ausencia de incidencias reseñables marcó la clásica jornada de deporte y de asueto organizada por la Fundación Caja Rioja

  • La 22 Marcha a Hoyos de Iregua reunió a 520 caminantes en torno a 30,2 kilómetros de naturaleza pura

Villoslada de Cameros se desperezaba al domingo entre ladridos de perros y algunos sonidos no identificados, enmarcados en una imagen de postal; de cálidas farolas que teñían de anaranjado el caserío que se asoma escalonado a un río Iregua, que, a falta de mucha lluvia, no exhibe ahora mismo, ni con mucho, la bravura de su cauce por estas fechas.

La luz del día llegó a la localidad serrana con banda sonora de voces; de inusual bullicio, sobre todo, en torno al frontón, donde se confirmaban las últimas inscripciones a la XXII Marcha Hoyos de Iregua, y también alrededor de la barra del bar, a la que los participantes se asomaban para pedir los últimos cafés antes de echarse al monte.

A las 8 horas, tomadas ya posiciones, se retiró la cinta de salida que se había colocado junto a la ermita de San Roque y los 520 inscritos (83 menos que en la anterior edición) a esta clásica cita senderista que con acierto organiza la Fundación Caja Rioja dejaron rapidamente atrás el casco urbano -al que volverían algunas horas después-, para adentrarse en un itinerario que les condujo por una pequeña parte del inmenso parque natural Sierra Cebollera.

El camino, más allá de los 30,2 kilómetros de longitud a salvar, no presentó excesivas complicaciones en cuanto a sus desniveles y sí atractivos paisajísticos. El nivel de dificultad se ha visto reducido este año considerablemente con respecto a otras ediciones, a lo que se sumó una meteorología que recordaba al verano y deparó temperaturas más que agradables, incluso excesivamente altas en algunos momentos para caminar pero ideales para disfrutar del trayecto, de sus paradas y sus vistas.

Como la de Lumbreras y sus barrancos, a la izquierda, localidad por la pasaron el presidente del Gobierno de La Rioja, José Ignacio Ceniceros, y el consejero de Fomento y Política Territorial, Carlos Cuevas. «Vamos a hacer un tramito», indicó este último. De allí, el camino se empinó, aunque no mucho, hasta el cerro Cebosa, techo de la prueba, desde el que las vistas hacia sur presentaban un inmenso mar verde, al que la paleta del otoño tiene que hacer aún su labor y pintar de ocres y amarillos un bosque que denotaba en su suelo mucha falta de humedad.

De allí a la aldea de El Horcajo, uno de los cuatro núcleos de población que atravesó la marcha, incluido Villoslada de Cameros. En ella aguardaba el avituallamiento más esperado -el del sándwich, bocadillo de lomo y fruta- con los que se recobraron fuerzas para continuar un camino con bastantes altibajos que pasó por San Andrés, de nuevo por Lumbreras y de allí al punto de partida, donde esperaba a los participantes el diploma y la camiseta. El año que viene más y seguro que más duro.