La Rioja

Los Románov: sangre, poder y sexo

Nicolás II y su familia. :: reuters
Nicolás II y su familia. :: reuters
  • «Trump sueña con ser como Putin o Iván el terrible», afirma el historiador inglés que ha recorrido tres siglos de la historia de Rusia

  • Simon Sebag recorre el poder absoluto de veinte zares, desde Miguel Fiodoróvic a Nicolás II

Zar viene de césar. Y a los césares de hielo que gobernaron con puño de hierro en Rusia ha dedicado Simon Sebag Montefiore (Londres, 1965) quince años de estudio. Los resume en 'Los Románov (1613-1918)' (Crítica), un monumental ensayo de más de un millar de páginas que se lee como una novela. Desvela las pasiones, pulsiones y ambiciones de una veintena de todopoderosos y despiadados monarcas rusos a lo largo de 304 años. La creación, ascenso y caída de un imperio que no dejó de crecer a razón de 52.000 metros cuadrados al año, anexionando un media 142 metros diarios.

De Miguel Fiodoróvic, el primer y dubitativo zar Románov, al desdichado Nicolás II, asesinado con toda su familia en Ekaterimburgo en 1918, este profesor de Historia en Cambridge traza una iluminadora radiografía de un poder omnímodo. Asesinatos, excesos sexuales, sadismo, venganzas familiares, torturas, traiciones, empalamientos, hijos que matan a su padres, que besan cabezas decapitadas y cortan lenguas, peleas de borrachos, farsantes, envenenadores, ninfómanas y 'fashion victims'. Todos bañados en una inmensa riqueza, son la teselas de este brillante mosaico sobre un absolutismo cuyo legado aún colea.

Poder, sangre y sexo, son palabras clave de este gran retrato de la Rusia zarista, de la locura y la arrogancia de unos monarcas que construyeron un imperio más vasto que el de Gengis Kan. «Poder es la palabra clave en esta historia», concede Sebag. «La violencia es la base del poder y el sexo es solo uno de lo grandes placeres de la vida del que disfrutaron», apunta el escritor, que se hizo las mismas preguntas que Shakespeare para trazar su vasto catálogo de pasiones humanas. No en vano su colega Antony Beevor asegura que «'Juego de Tronos' es como tomar el te con la monjitas en comparación con 'Los Románov'».

Los zares rojos tomaron el relevo de lo zares de hielo. De los bolcheviques a Lenin o Stalin, hasta llegar a un Putin bajo el síndrome Románov, «todos los gobernantes rusos han participado de esa implacable manera de ejercer el poder y de la idea de la Rusia imperial», según Sebag. «De aquéllos zares vienen estos 'pútines', como antes vinieron los Lenin y Stalin», admite el historiador. «Putin es un híbrido de los Románov y los soviéticos mezclado con la circunstancias de la actualidad de Rusia», sostiene Sebag, biógrafo también del dictador comunista.

Corazón de piedra

«El pueblo necesita un zar al que pueda venerar y por el que pueda vivir y trabajar», decía Stalin, que también bebe de este pasado absolutista. «El coste de su éxito fue desastroso, pero con sus terribles sangrientos métodos mantuvo a Rusia en el siglo XX como una superpotencia; continuó a su modo el imperio de los Románov». Y es que el gran empeño de esta saga de «conquistadores de corazón de piedra» fue «construir ese imperio sagrado, ortodoxo y autocrático». Una idea de Rusia que aún persiste, ya que «esa ambición imperial va más allá de sus recursos», según Sebag. «Los rusos están acostumbrados a tener un imperio y disfrutan de la gloria», dice.

Ver los peligros del poder absoluto sería la lección de 'Los Románov', «pero me temo que no la hemos aprendido», sostiene su autor. «La autocracia está hoy en auge en muchos lugares el mundo. Es muy posible que América escoja a un hombre fuerte sobre un caballo blanco, un Donald Trump cuyo sueño es vivir como Putin, como vivieron Pedro I -que hizo temer a Rusia-, o Iván el Terrible».

Sebag Montefiore analiza una veintena de zares y zarinas, pero no oculta su predilección por Alejandro II y Catalina la Grande, dos sensibilidades especiales rendidas a las pasiones de la carne. «Además de su desaforado apetito sexual, son los más humanos, y los que más ternura demuestran. Los más luminosos y menos brutales», explica. Pero no oculta Sebag que también disfruta al escribir sobre la crueldad sin límites de déspotas como Pedro el Grande «feroz, salvaje, pero siempre eficiente y muy inteligente» e Iván el Terrible, «cuya crueldad es fruto de su locura».

El ocaso zarista es más duro y amargo que del los imperios romano y chino. Sebag no pudo contener las lágrimas mientras narraba el final de la dinastía de los Románov. El brutal asesinato de Nicolás II, un magnicidio múltiple cometido en nombre de la Revolución por los bolcheviques, los amos de la nueva Rusia que habían asaltado el palacio de invierno en octubre de 1917. Sitúa al lector en el sórdido sótano de Ekaterinburgo, en los Urales, el 17 de julio de 1918, cuando el comisario Yurovski disparó primero contra un zar incrédulo ante su implacable destino.

En tres siglos se alternaron en el trono ruso «más monstruos que santos» asegura Sebag Montefiore. «Pero hubo algunos diligentes y trabajadores y que trataron de hacer bien su labor, aunque los santos eran los mas incompetentes». Estadistas que en medio de tanto horror también cuidaron la cultura, como Catalina la Grande. «Entendían la importancia de la literatura y el arte; la ventajas de personajes como Tólstoi o Puskhin, que seria el Shakespeare de los Románov que son también parte de esta historia».

«Trabajo mucho para que mis libros se lean con pasión. Pero cuidado: no escribo novelas ni novelizo nada. Ni un sola frase ha sido inventada, ni siquiera los diálogos, que están extraídos de documentos o cartas», aclara el pulcro y exigente historiador. Es también biógrafo de Catalina la Grande, aquella inteligente, menuda y regordeta zarina de ojos azules y pelo rojizo, coleccionista de amantes, impagable mecenas y grafómana que se cateaba con la flor y nata de la 'intelligentsia europea' de su tiempo. Angelina Jolie compró los derecho del libro y cree su autor que llegará a ver la película.