La Rioja

POETA EN LA RIOJA

Componentes de La Barraca en la gira de 1933, entre ellos Federico García Lorca (sentado a la izquierda). :: fundación lorca
Componentes de La Barraca en la gira de 1933, entre ellos Federico García Lorca (sentado a la izquierda). :: fundación lorca
  • La Barraca de Lorca actuó en Logroño al final de su gira de 1933 y antes del viaje a Buenos Aires del poeta asesinado hace 80 años

La farándula pasa bulliciosa y triunfante, es la misma de antaño, la de Lope burlón, trasplantada a este siglo de locura tonante, es el carro de Tespis con motor de explosión.

Celebramos que la notizia tingua confirmaziooooneee...

Un casi incomprensible pero divertido bando como de antiguos cómicos de la legua, excéntrico y llamativo, rompió con aire festivo la cansina monotonía provinciana de aquel viernes, 1 de septiembre de 1933, en la ciudad, casi pueblo, de Logroño. Una camioneta cargada hasta los topes de trastos extraños y un par de coches con alegres muchachos no menos raros vestidos de buzo azul irrumpieron por el Puente de Piedra y callejearon con su cantinela a los cuatro vientos, perseguidos por los perros y los críos, hasta el Teatro Moderno. Esa tarde habría función.

Tan pintoresca y vocinglera caravana no podía ser otra que La Barraca, la compañía ambulante de teatro universitario impulsada por el Gobierno de la República para llevar los clásicos españoles a zonas con poca actividad cultural. En la España semianalfabeta de comienzos del siglo XX que habían intentado ilustrar el krausismo y la Institución Libre de Enseñanza, continuaban ahora esa labor las Misiones Pedagógicas del jarrero Manuel Bartolomé Cossío inspiradas en Francisco Giner de los Ríos. Y la persona encargada de hacerlo a través del teatro era Federico García Lorca, poeta y dramaturgo ya entonces de gran prestigio internacional, que, movido por su compromiso social y cultural, no dudó en ponerse el traje de faena y recorrer la España profunda con su farándula.

Al día siguiente de su escala en Logroño, LA RIOJA (entonces Diario Imparcial de la Mañana) lo contaba en la pluma de un cronista anónimo pero indisimuladamente entusiasta: «Nos vimos ayer gratamente sorprendidos con la presencia y actuación en el Teatro Moderno de esta capital de la entidad artística Teatro Universitario La Barraca, la cual viene cumpliendo la misión de, a la manera de la antigua farándula, dar a conocimiento de los vecindarios, especialmente rurales, las más destacadas obras de nuestro teatro clásico. De las excelentes calidades del espectáculo son garantía los directores artísticos, el inspiradísimo poeta Federico García Lorca y Eduardo Ugarte».

«Salvar el teatro español»

La historia pequeña y grande al mismo tiempo de aquella tarde de teatro en Logroño, como en tantos otros lugares del país, había comenzado en realidad tiempo atrás. El diplomático chileno Carlos Morla Lynch, amigo de Lorca, dejó testimonio del nacimiento de aquel hermoso proyecto en noviembre del 31: «Muy entrada la noche -relata en su diario 'En España con Federico García Lorca'- irrumpe Federico en la tertulia con impetuosidades de ventarrón... Se trata de una idea nueva que ha surgido, con la violencia de una erupción, en su espíritu en constante efervescencia. Concepción seductora de vastas proporciones: construir una barraca -con capacidad para cuatrocientas personas-, con el fin de ''salvar al teatro español" y de ponerlo al alcance del pueblo. Se darán, en el galpón, obras de Calderón de la Barca, de Lope de Vega, comedias de Cervantes... Resurrección de la farándula ambulante de los tiempos pasados... Aquí Federico se encumbra a las nubes. -Llevaremos -dice- La Barraca a todas las regiones de España; iremos a París, a América, al Japón...»

No era una ocurrencia pasajera. La Barraca echó a andar al verano siguiente con miembros de la Unión Federal de Estudiantes Hispanos (UFEH), «comediantes del Teatro Universitario -los llama nuestro cronista-, alumnos que se preparan durante el invierno para actuar durante las vacaciones en la escena de La Barraca, interpretando una antología, acertadamente hecha por Federico García Lorca, del drama de Lope 'Fuenteovejuna' y también 'El retablo de las maravillas', de Cervantes».

Durante agosto y comienzos de septiembre del 33 actuaron en León, Mieres, Santander, Pamplona, Huesca, Tudela, Estella, Logroño y finalmente en Burgos. Cuenta el diario que aquí, «como el paso de La Barraca había de ser rápido y era necesario encargarse de la organización del acto teatral, auxilió a los directores artísticos en este menester el presidente del Ateneo Riojano, don Gonzalo Cadarso, quien, con varios miembros de la Junta, procedió para lograr que el espectáculo contara con un público tan nutrido que llenó el teatro con exceso y en gran parte muy selecto».

No hay constancia expresa en las páginas de LA RIOJA de la presencia en Logroño del propio Lorca, pero es sabido que el director acompañaba al grupo en aquella gira mientras trabajaba en el texto de 'Yerma'. Unos días más tarde, el 29 de septiembre, embarcaría en Barcelona rumbo a Buenos Aires invitado por la actriz Lola Membrives y su marido, el empresario Juan Reforzo, debido al gran éxito con que su compañía acababa de estrenar allí 'Bodas de sangre'.

Pero también aquella tarde en Logroño fue triunfal: «El público -termina la crónica- manifestó frecuentemente, con grandes aplausos, la excelente impresión que le producían el espectáculo y los comediantes, y al terminar la función hizo objeto a La Barraca de los pronunciamientos más favorables, reconociendo el valor cultural de sus actuaciones».

Ya no volverían. Pasó La Barraca por Logroño como Lorca por la vida, a toda velocidad, como perseguidos por un destino fatal. En cambio, ambos dejaron un sembrado de alegría y arte, de vida y muerte, que no debería olvidarse cuando se han cumplido ochenta años del asesinato del poeta. El clamor sordo de sus restos, tirados en algún lugar en la carretera de Víznar, nos interpela a seguir sus huellas. La farándula pasa...