La Rioja

Federico, en La Barraca. ::f.l.
Federico, en La Barraca. ::f.l.

La cuadrilla ambulante del teatro

  • Lorca movilizó a los universitarios en su intento por llevar el teatro «al pueblo más pueblo»

A Lorca le dolía profundamente el hambre cultural de España y creyó poder contribuir a saciarla con teatro. La Barraca fue su modo de repartir ese pan. 'Una vida en breve', la biografía escrita por Christopher Maurer para la Fundación Federico García Lorca, cuenta cómo, «con la proclamación de la II República en abril de 1931, empezó a colaborar con entusiasmo en varios proyectos culturales que pretendían fomentar un mayor intercambio entre la cultura de las ciudades y la de los pueblos». «Su aportación más importante a la política cultural de la República -sostiene Maurer- fue, sin duda, la organización de La Barraca».

Fue en su viaje a Estados Unidos en 1930 cuando Lorca empezó a fraguar la idea. «Durante su estancia en Nueva York, mientras vivió en la Universidad de Columbia, Federico había tenido la oportunidad de observar una vigorosa tradición de teatro no profesional; de ahí, quizás, proviene la idea de dar un nuevo impulso al teatro universitario».

A su regreso y con su entusiasmo irrefrenable, pronto reclutó a un nutrido grupo de colaboradores entre la Unión Federal de Estudiantes Hispanos, universitarios que luego terminarían siendo actores unos, artistas otros, poetas, intelectuales... la mayoría exiliados. Estaban entre ellos Pilar Aguado, Germán Bleiberg, Rafael Calvo, María Carmen Lasgoity, Isabel, la hermana del propio Federico, Emilio Garrigues, Jacinto y Modesto Higueras, Diego Marín, Juan Antonio Morales, Arturo y Luis Sáenz de la Calzada, Luis Felipe Vivanco, Álvaro Custodio... Y otros tantos que colaboraban como escenógrafos y figurinistas. Todos de azul, los hombres con buzo y las mujeres con vestido de cuello blanco, con su escudo de cómicos ambulantes prendido al pecho, y los camiones proporcionados por el Departamento de Instrucción Pública, formaban la cuadrilla de obreros más alegre e idealista.

Para conseguir financiación fue esencial el compromiso del ministro socialista Fernando de los Ríos, amigo de Lorca. Su presentación oficial tuvo lugar en el paraninfo de la Universidad Central, en Madrid, poco antes de la Navidad de 1931. La compañía estaba coordinada por los propios estudiantes y algunos artistas de vanguardia. La dirección artística y la selección de actores era responsabilidad de Federico y del también escritor Eduardo Ugarte. Todos ellos prestaban sus servicios voluntaria y gratuitamente y todos montaban y desmontaban en cada lugar donde actuaban.

Así repartían aquel pan tan necesario. Pero también Lorca se nutrió con aquello. La experiencia de La Barraca fue decisiva en su última etapa como dramaturgo: «Le permitió aprender el oficio de director de escena y le expuso a un público nuevo, ''ajeno a la burguesía frívola y materializada" de Madrid. En sus viajes por el campo soñó con representar el teatro clásico ante ''el pueblo más pueblo", un público ''con camisa de esparto frente a Hamlet". Estaba convencido de que «lo burgués está acabando con lo dramático del teatro español... está echando abajo uno de los dos grandes bloques que hay en la literatura dramática de todos los pueblos: el teatro español». Y esta nueva visión del público debió de afectar profundamente el alcance que intentó dar a su propio teatro».

El resto de la historia... ya se sabe: La Barraca quedó forzosamente aparcada en el 36, con la Guerra Civil. Al tiempo que Federico, asesinado por los fascistas, se hacía eterno. Se convertía en pan que sigue faltando.