La Rioja

El andén 9 3/4 de Calvo Sotelo

  • La tienda Frikomics organizó un evento que reunió a centenares de aficionados a Harry Potter

Desde el andén 9 3/4 parte el expreso a Hogwarts, el tren que lleva a Harry Potter y sus compañeros al colegio de magia. Sólo las personas con poderes son capaces de acceder a él. Aunque, en ocasiones, la estación puede aparecer en otros puntos. El miércoles, en la calle Calvo Sotelo de Logroño, la tienda Frikomics se convirtió en la puerta de acceso a un mundo mágico. Era el primer día de venta del octavo libro de la saga, 'Harry Potter y el legado maldito' y Berni Martín y sus compañeros de Frikomics decidieron hacer algo especial, más allá del 'merchandising' editorial. Decoraron la tienda con los estandartes de las cuatro casas, velas mágicas, llaves, libro de monstruos... hasta un 'photocall' en el escaparate y venta de conjuros mágicos cuya recaudación iba destinada a la Fundación Educo. «Queríamos hacer cosas pequeñas pero ha sido como una bola de nieve», explicaba ayer Martín. Centenares de personas (en el evento 'online' había inscritas más de 600) acudieron a la cita con Potter y su obra de teatro. No sólo llegaron de La Rioja, sino que también hubo visitantes de Cantabria, País Vasco, Navarra o Aragón. «No se ha hecho nada similar en el norte de España y había muchas ganas», añadía. «En todas las tiendas se pueden comprar artículos 'frikis', pero nosotros queremos crear una comunidad», incidía.

Y eso consiguieron ayer, sumándose a un fenómeno que nació hace 26 años y que ha logrado vender de 450 millones de libros y ha generado más de 6.700 millones de euros gracias a sus películas. La creación de J. K. Rowling ha traspasado todas las barreras de edad y condición. Lucía Ballujera, junto a sus hijas Nora y Mara, recorría la tienda en busca de artículos del mago más mediático. «Me encantan los libros y también las películas y se lo he pegado a mi hermana», aseguraba Nora. Su madre, lo tenía muy claro: «Es una afición sanísima y me encanta».

Tras las apreturas y una larga fila en Calvo Sotelo esperando turno de entrada, la fiesta fue diluyéndose poco a poco. Ahora queda leer la obra con un Harry Potter ya padre cuyos poderes mágicos no parecen suficientes para educar a su hijo. Casi como la vida misma.