La Rioja

RIOJANOS DE PURA CEPA POR UN DÍA

Participantes en la 'Vendimia en familia', ayer en Bodegas Franco-Españolas. ::
Participantes en la 'Vendimia en familia', ayer en Bodegas Franco-Españolas. :: / SONIA TERCERO
  • La 'Vendimia en familia' de Franco-Españolas hace reclamo turístico de la labor más típica de la cultura del vino

Lucas y Carlota, dos niños santanderinos de nueve y seis años, y otros veinte de diversas partes de España fueron ayer riojanos de pura cepa, vendimiadores y bodegueros por un día aprendiendo junto a sus padres las nociones básicas del Rioja: trabajar la tierra y recoger sus frutos, amarla y compartirla.

Medio centenar de personas, turistas en su mayoría procedentes de Madrid, Cataluña, Andalucía y Cantabria, celebraron ayer en Bodegas Franco-Españolas la jornada 'Vendimia en familia', «una enoexperiencia que coincide con la época de vendimia y con la que se persigue disfrutar y aprender uno de los momentos más importantes a la hora de elaborar un vino». Como explica Soledad Galar, enóloga y responsable del departamento de visitas de la bodega, «es una forma divertida para los niños y atractiva para toda la familia de conocer sobre el terreno todo el proceso de la vendimia y la esencia misma de la cultura del Rioja».

Con 126 años de historia, la logroñesa Franco-Españolas es solo una de las muchas bodegas de la Denominación Rioja abierta actualmente al enoturismo. En su caso, organizan también otras visitas de este tipo a lo largo del año vinculadas a las distintas tareas estacionales en la viña, tales como la poda en invierno y el espergurado en primavera. Pero es esta de la vendimia la más vistosa y demandada, coincidiendo además, como ha ocurrido este fin de semana, con las fiestas de San Mateo. La repetirán el próximo sábado 1 de octubre (a 25 euros para los adultos y 15 los niños, incluyendo visita a la bodega, vino y aperitivo).

Ayer, tras la recepción, la visita comenzó en el pequeño viñedo que la bodega posee en las mismas instalaciones, casi como una muestra testimonial de diversas variedades de uva cultivadas en la zona, con el tempranillo y la viura en los primeros lugares de tintas y blancas, acompañadas de garnacha, maturana, graciano, verdejo, mazuelo, turruntés y las francesas sauvignon blanc y chardonnay. Con Sole como maestra, los niños, y también sus padres, aprendieron a distinguirlas todavía en la cepa y a analizarlas empleando casi los cinco sentidos, como todo buen viticultor; aprendieron a observar los racimos, a tomar unos granos de prueba, a desnudarlos del hollejo, a saborear su pulpa, a observar la pepita... todo lo necesario para saber si ha llegado el momento de vendimiar.

«Son cosas muy prácticas que gustan mucho a cualquier visitante porque les resultan curiosas y pintorescas -dice la enóloga-, pero incluso los propios riojanos, por más que, quien más quien menos, todos estemos acostumbrados a la vendimia y todo lo vinculado al vino, deberían hacer esto alguna vez para conocer la esencia de nuestra cultura».

Llegado el momento de entrar en los renques, los visitantes eligen entre corquete o tijera, y se ponen en manos de Guillermo, un experimentado vendimiador de Elciego que les explica la técnica y les hace ver que lo que ellos van a hacer como diversión es en realidad una dura faena de campo que, salvo excepciones mecanizadas, hay que seguir realizando a mano como toda la vida en larguísimas jornadas y duras condiciones.

Pero ayer para Lucas, Carlota y sus compañeros era, en efecto, un juego de niños consistente en llenar los cestos y acarrearlos a los tinos, donde después harían el pisado. «Para nosotros -responden Óscar y Ana, sus padres- es una actividad interesante y diferente que no podemos conocer en casa, porque en Cantabria no se cultiva uva más que en la zona de Liébana, y que aquí podemos disfrutar todos juntos en familia». Para ellos, con antepasados riojanos, es además una experiencia con un aliciente sentimental. Para quienes en cambio visitan Logroño por primera vez vendimiar es, si no una actividad obligada, una opción muy atractiva en familia.

Así va pasando la mañana y llega el momento, quizás el más esperado por grandes y pequeños, de pisar la uva a la manera tradicional. Por turnos, unos y otros se descalzan y preparan sus pies para hundirlos en los racimos y llevar a cabo sobre los tinancos esa danza antigua que tiene como resultado el mosto que luego se convertirá en vino, y por qué no, en uno de los mejores del mundo.

Después del pisado, un aperitivo para reponer fuerzas a base de tortillas, embutido, jamón, mosto para los niños y, por supuesto, la cata de una selección de vinos de Franco-Españolas: un Diamante, un Rioja Bordón crianza y otro reserva. Son el producto del trabajo y la dedicación que cada uno de ellos ha experimentado personalmente al menos por un día.

La jornada se completa con la visita a la bodega para los adultos, mientras los niños siguen jugando y aprendiendo en la enoguardería. Y al final, unos de aquí y otros de allá, todos parten sintiéndose un poco riojanos.