La Rioja

Péter Gárdos narra la historia de amor de sus padres después del Holocausto

madrid. El cineasta y escritor húngaro Péter Gárdos hace su primera incursión en la novela con 'Fiebre al amanecer' (Alfaguara), un libro en el que relata la historia de amor de sus padres después de pasar por el infierno del Holocausto. Traducida a 36 idiomas, la novela ha sido una forma de psicoterapia para Gárdos, cuyo padre nunca le refirió nada de su cautiverio en un campo de exterminio alemán.

A la muerte de su progenitor, la madre de Gárdos tuvo un ataque de locuacidad. Pasadas las primeras horas del luto, no cesaba de hablar y hablar de su marido. Un día entregó a su hijo las cartas que le escribió aquél. De repente fue como si Gárdós recobrara la memoria familiar. Porque su padre, que se vio obligado a incinerar cadáveres en el campo de concentración, sepultó su pasado bajo un silencio impenetrable. Con esas misivas, que Gárdos transcribe de forma literal, el autor ha trenzado una historia que la editorial presenta como un «Romeo y Julieta después del Holocausto».

«Mi familia se aisló por completo, en casa no se hablaba del Holocausto y se renegaba del pasado», dice Gárdos. Él mismo descubrió su identidad por casualidad. A los diez años, él y sus amigos solían pegar a un crío por el mero hecho de que era judío y tenía un labio leporino. Cuando su padre vio aquello desde la ventana le llamó a capítulo. «¿Por qué maltratáis a ese chico?», le dijo. Al contarle que zurraban a ese infeliz por hebreo y por su labio deforme le dio un guantazo del que todavía se acuerda.

'Fiebre al amanecer' es una novela basada en la vida de sus padres. Cuenta la historia de Miklós, un hombre que después de estar confinado en el campo de Belsen, es trasladado a un campamento de enfermos en Suecia. Pese que estuvo a punto de perder la vida a causa de un pulmón encharcado, tomó una decisión firme y esperanzadora. Se casaría costase lo que costase. Por eso envió 117 cartas a otras tantas muchachas húngaras que sabía estaban convalecientes en hospitales. Una de ellas, Lili Reich, leyó esas letras de esmerada caligrafía y se atrevió a contestarle. Comenzó entonces un intenso intercambio epistolar que acabó en boda. «En aquellas cartas había una fuerza animal. He querido transmitir esa intensidad del amor por vivir», argumenta.