La Rioja

Los toros del maíz griparon la tarde

Diego Urdiales no tuvo la más mínima opción de triunfo en su actuación de ayer en la plza de Dax. :: efe
Diego Urdiales no tuvo la más mínima opción de triunfo en su actuación de ayer en la plza de Dax. :: efe
  • Diego Urdiales se fue de vacío de la plaza de Dax en una nueva corrida de bajísima nota de Fuente Ymbro

DAX. Hacía una tarde de ensueño ayer en Dax. No se movía ni una brizna de aire, sol de final de verano, más de tres cuartos de entrada en los tendidos y muchas ganas de ver torear bien. Pero comenzaron a aparecer los toros de Ricardo Gallardo por el angosto chiquero y ni el aire manso, ni el sol que acariciaba la frente ni el público bonancible y cariñoso pudieron hacer nada más que contemplar una nueva decepción de los bureles del maíz. Corrida seria, astifina, musculada; todos armados como para Madrid, pero mentirosos de la punta del pitón a la borla del rabo, ásperos, mansos y con poder reducido a pesar de que en varas los tres diestros los cuidaron como si fueran recentales.

Diego Urdiales tuvo un lote tan efímero como evidente, manso y rajado el primero y mentiroso el armadísimo cuarto, un animal que le dejó lucirse a la verónica y que hizo concebir esperanzas a los aficionados. Sin embargo, el toro comenzó a acordarse de la mala digestión del maíz que se comió en la gaditana finca de 'Los Romerales' y a la segunda tanda se desfondó vaciándose como un globillo de feria.

El toro más encastado fue el sexto, un animal picajoso, incómodo por su punteo sostenido durante toda la lidia, pero que tuvo la virtud del galope y de la repetición. Pero sin duda, el mejor toro fue el segundo, el único que aguantó una muleta rastrera que le obligara a embestir a los vuelos que le ofreció un Iván Fandiño aguerrido y valiente que hizo con él un esfuerzo titánico. De hecho, el torero de Orduña cortó una oreja de peso labrada en su absoluta entrega y en la forma que se tiró a matar. Salió volteado del encuentro de manera dramática y mientras el torero hacía lo imposible por ponerse en pie, el toro de Gallardo caía fulminado con la estocada en los rubios. Un pinchazo precedió al momento más angustioso de la corrida y el presidente francés sólo sacó una vez su pañuelo. Bien Fandiño, que se la jugó en éste y en el quinto, que también estuvo a punto de mandarlo a la enfermería al llevárselo por delante en una manoletina al final de la faena que lo dejó inerte y desvanecido en el ruedo.

Diego Urdiales vivió una tarde anodina definida con exactitud por dos toros que fueron pitados en el arrastre. El que abrió plaza fue uno de esos mansos que no dejan lugar a dudas. Tenía buen embroque y nobleza, pero deslució cualquier intento de toreo saliéndose desentendido de los muletazos. Lo intentó Urdiales en el platillo con la intención de salvaguardar al toro de su declarada búsqueda de las tablas, pero fue imposible.

El cuarto despertó esperanzas en el de Arnedo, que lo veroniqueó con gusto rematando los lances con una mecida media en la boca de riego. El toro hacía hilo con el capote pero con buen son. Brindó Urdiales al público y se lo sacó a los medios por alto con suavidad, pero desgraciadamente a la segunda tanda en redondo se paró y exactamente ahí terminó la historia. Urdiales lo intentó con la mano izquierda pero todo resultó baldío.

El sevillano Pepe Moral tuvo una tarde aciaga. Se amontonó en las dos faenas en una colección interminable de muletazos por ambos pitones. Con el noble sobrero no logró acoplarse y el encastado sexto lo desbordó una y otra vez.

En banderillas sobresalió, y de qué manera, Iván García con un extraordinario par al quinto. Se dejó ver, anduvo al toro con majeza y le sopló los palos asomándose al balcón como mandan los cánones. Y además estuvo superior con el capote.