La Rioja

UN BUEN BAÑO DE BARROCO TEMPRANO

La 18 Semana de Música Antigua tenía programado un único concierto vocal, que era este, a cargo de una de nuestras mejores sopranos en esta especialidad, María Espada, acompañada de tiorba y viola da gamba. El programa era monotemático centrado en la primera mitad del siglo XVII, que llamamos el barroco temprano, época en la que nacía el nuevo género de la ópera con un gran desarrollo del canto solista en oposición al polifónico de la anterior etapa renacentista. Esta especialización hizo que el concierto resultara un tanto monocorde, por lo menos hasta la aparición del gran Monteverdi y de Carissimi en su tercio final, con obras de verdadero gancho.

María Espada ofreció una buena lección de canto barroco con fraseos y dicción claros, voz bien emitida de timbre bello y apropiado, buena coloratura y adaptación estilística. Mostró gran potencia vocal en muchos momentos, quizá abusó algo de ella, pues la mayor parte del repertorio era música para cantar en salones cortesanos, donde más que la potencia había que lucir el control de emisión, los acentos y matices, la capacidad de apianar y filar, la cobertura de la voz para expresar más dulzura y embeleso (eso de lo que María Bayo solía abusar, en María Espada se echaba algo en falta), de hecho en alguna de las agilidades cantadas a voz abierta se debilitaba algo la afinación

Tuvo una salida algo destemplada de voz en la primera obra, que recondujo bien en la siguiente obra de Mazzocchi. Continuó en buena línea en las tres obras de la Strozzi y me enamoró en la 'Cantata spirituale', de Ferrari, con expresividad cristalina, bellísimas medias voces y ricos acentos. La parte final con obras de Monteverdi y Carissimi fue de gran brillantez y lucimiento de la soprano que el público agradeció con grandes ovaciones.

Le acompañaban dos espléndidas especialistas barrocas: Maria Ferré a la tiorba y Amélie Chemin a la viola da gamba. La primera se lució brillantemente con su esbelto instrumento en las tres piezas del 'Libro Cuarto de Intavolatura', de Kapsberger, que desgranó con limpieza y garbo, mientras descansaba la soprano. Amélie Chemin tuvo también su momento solista en la conocida obra de Frescobaldi 'La tromboncina', plena de expresión.

Un bonito concierto muy bien interpretado, aunque algo lastrado por la linealidad del programa.