La Rioja

Alejandro Talavante durante la lidia de su toro. :: nacho gallego/efe
Alejandro Talavante durante la lidia de su toro. :: nacho gallego/efe

Talavante marca la diferencia

  • La generosidad en los trofeos protagoniza la corrida en homenaje a Víctor Barrio

valladolid. Entregados todos, toreros y público, en homenaje a Víctor Barrio, el torero segoviano al que un toro partió el corazón hace apenas un mes en la plaza de Teruel, quedaba sólo añadirle la entrega suficiente a las faenas para que el festejo estuviera a la altura de la ocasión.

Y más teniendo en cuenta que el público que abarrotó los tendidos del coso de Valladolid acudió deseoso de contemplar las faenas de seis de los más importantes toreros del momento y con un talante amable y desprendido que se apreció ya cuando se le concedió una oreja a Juan José Padilla por una faena de imposible brillo a un derrengado toro de Juan Pedro Domecq.

También fue generosa la que se le concedió a José Tomás, la estrella del cartel, que apenas pudo cuajar un soberbio quite por chicuelinas y un par de series de buenos muletazos al desfondado ejemplar de Núñez del Cuvillo que salió en tercer lugar.

Conformes hasta entonces con tan poco, los espectadores se entusiasmaron con el arrebato de Morante de la Puebla ante el tercero, varios momentos de surtida y genial inspiración ante un astado de Zalduendo de bastas hechuras y rajado casi desde su salida.

La gran virtud de Morante fue evitar que el animal se marchara a tablas y siguiera aun con desgana una muleta que nunca le exigió, envolviéndolo todo con improvisada compostura y unos raptos de gracia que fueron jaleadísimos.

Dos orejas paseó Morante y otras dos le dieron a El Juli del toro que salió en el turno siguiente, un fino ejemplar de Domingo Hernández que fue el de más calidad y duración del variado lote escogido para la ocasión.

La generosidad de la tarde, que llegó a sus más altas cotas al premiar a ese ejemplar con la vuelta al ruedo en el arrastre, se vio frenada momentánemente en el infructuoso y largo trasteo de Manzanares al quinto, que acusó, constantemente dolido, una posible lesión en su pata delantera derecha. Y tras la calma momentánea llegó la tempestad de Alejandro Talavante, que puso toda su generosa entrega al homenaje con una faena al sexto en la que no se guardó nada, desde los suaves delantales de recibo al estoconazo final volcándose sobre el morrillo de un toro de Núñez del Cuvillo que tuvo calidad pero poco fondo.

Tras un ajustado quite por saltilleras y gaoneras, Talavante se fue a los medios para abrir el trasteo de muleta con una arrucina por la espalda y con las dos rodillas en tierra que marcó ya el grado de emoción que la iba a dominar.