La Rioja

La Madre Teresa sube a los altares

Francisco aplaudió el compromiso de la misionera contra el aborto y alabó su capacidad comunicativa. :: ANDREAS SOLARO / afp
Francisco aplaudió el compromiso de la misionera contra el aborto y alabó su capacidad comunicativa. :: ANDREAS SOLARO / afp
  • El papa Francisco canoniza a la fundadora de las Misioneras de la Caridad

La Madre Teresa de Calcuta ostenta ya un primado mundial: es la primera persona canonizada que ha recibido antes un Nobel de la Paz. Esta mujer que dedicó su vida a los más desfavorecidos y tuvo la virtud de implicar a los poderosos en su empeño, consigue así una doble declaración de santidad. La primera es la laica que, para algunos, supone el galardón que recibió en Oslo en 1979. La segunda es la religiosa y la obtuvo ayer cuando el Papa proclamó su inscripción en el Libro de los Santos.

19 años después de su muerte, Francisco la elevó a los altares en una multitudinaria ceremonia celebrada en la plaza de San Pedro del Vaticano a la que acudieron más de 120.000 personas y representantes oficiales de medio centenar de países. La delegación española estuvo presidida por la reina Sofía. Entre los fieles había 1.500 indigentes acogidos en diversas casas de Italia de las Misioneras de la Caridad, la congregación fundada por la Madre Teresa.

Durante su homilía, Jorge Mario Bergoglio volvió a presentar a la religiosa de origen albanés como un ejemplo a seguir y celebró su forma de vivir la santidad, «tan cercana a nosotros, tan tierna y tan fecunda». De hecho, aseguró que va a resultar difícil llamarla 'Santa Teresa', pues los católicos de forma espontánea seguirán conociéndola como 'Madre Teresa'. Francisco también aplaudió el compromiso de la misionera contra el aborto, una postura que durante su vida le granjeó algunas polémicas. «A lo largo de toda su existencia, ha sido una generosa dispensadora de la misericordia divina, poniéndose a disposición de todos por medio de la acogida y la defensa de la vida humana, tanto la no nacida como la abandonada y descartada. Se ha comprometido en la defensa de la vida proclamando incesantemente que 'el no nacido es el más débil, el más pequeño, el más pobre'», comentó el Papa.

Para conocer la postura de la nueva santa respecto al aborto vale la pena recordar lo que dijo durante una visita en 1988 a la localidad italiana de Porto Santo Stefano, de la que era párroco el hoy cardenal Angelo Comastri, vicario general del Pontífice para la Ciudad del Vaticano y arcipreste de la basílica de San Pietro. Amigo personal de la Madre Teresa, Comastri ha publicado recientemente el libro 'He conocido una santa', donde relata lo que declaró aquel día la fundadora de las Misioneras de la Caridad: «La vida es el más grande don de Dios. Por eso es penoso ver lo que sucede hoy: la vida se destruye voluntariamente por las guerras, por la violencia y por el aborto. El mayor destructor de la paz en el mundo es el aborto. Si una madre puede matar a su propio hijo en su vientre, ¿quién podrá detenerme a mí o a ti cuando nos matemos recíprocamente?».

Francisco también alabó la capacidad comunicativa de esta religiosa menuda y de aspecto frágil, pero que podía llegar a ser muy convincente y que gozó de una gran influencia en vida, codeándose sin problemas con los altos mandatarios de todo el mundo. La nueva santa hizo «sentir su voz a los poderosos de la tierra, para que reconocieran sus culpas ante los crímenes de la pobreza creada por ellos mismos». Fue, en definitiva, «un testimonio elocuente de la cercanía de Dios hacia los más pobres entre los pobres».

Su capacidad de atracción fue la que llevó ayer a los fieles a la plaza de San Pedro, convertida una vez más en una representación de la universalidad de la Iglesia con católicos de las más diversas lenguas y nacionalidades. Entre los participantes en la misa estaba la española María Monje, quien viajó a Roma junto a una prima y al hijo de esta, un crío de unos ocho años. «Admiro muchísimo a la Madre Teresa. Desde el momento en que se supo que el Papa iba a declararla santa preparé el viaje. En estos meses de espera he tenido que superar varias dificultades, como un cáncer de piel», cuenta esta asturiana que vive en Madrid. «Para mí es un acto de justicia que la canonicen. No esperaba menos de Francisco».

Como a tantos otros católicos, a esta mujer de mediana edad le atrae mucho el período en que la nueva santa decía no sentir cerca la presencia de Dios. Es lo que llamaba las «oscuridades». «Ella tenía sed de Dios pero no lo encontraba y pese a ello no perdió la fe», relata María, admirada. «Yo tenía que estar aquí este día. Sólo hago estas cosas por la Madre Teresa de Calcuta, por Bruce Springsteen y, algunas veces, por el Atlético de Madrid».

En la ceremonia de canonización estuvo presente el ingeniero brasileño Marcilio Haddad Andrino, de 43 años, quien recibió el milagro que ha impulsado el proceso de canonización: se curó de forma inexplicable para la ciencia de un tumor cerebral del que los médicos le daban por desahuciado.

Al final de la misa de ayer y antes de dirigir el rezo del Ángelus, el papa Francisco se acordó de la religiosa catalana Isabel Solá Matas, asesinada el pasado viernes a tiros mientras conducía por las calles de Puerto Príncipe, en Haití.