La Rioja

«El humor es una excelente forma de normalizar el síndrome de down»

Gusti, ayer en la Feria del libro antiguo y de ocasión ubicada en El Espolón. :: jonathan herreros
Gusti, ayer en la Feria del libro antiguo y de ocasión ubicada en El Espolón. :: jonathan herreros
  • El autor de 'Mallko y papá', donde recoge la relación con su hijo nacido con síndrome de down, ofreció ayer en Logroño un taller sobre cómic en el marco de la Feria del Libro

  • Gusti Limpi Ilustrador

Gusti Limpi (Buenos Aires, 1963) tuvo un borrón hace ocho años. O eso sintió. La vida, que le había encumbrado como uno de los ilustradores más reputados con un sinfín de premios y la edición de decenas de libros en más de 20 países con editoriales de postín, le trajo un hijo con un cromosoma de más. Con él llegaron también interrogantes y angustias. Y 'Mallko y papá', el libro donde el artista argentino afincado en Barcelona vuelca su experiencia personal y sobre el que reflexionó ayer en la Feria del Libro de Logroño en una tertulia sobre el álbum ilustrado y el cómic junto a otros maestros del dibujo.

¿Qué es 'Mallko y papá'

Una novela gráfica muy personal hecha por un dibujante que cuenta cómo es el proceso de ser papá de un niño con síndrome de down. Una cosa muy poderosa en la que han participado familia, amigos y todos los que comparten nuestro mundo.

¿Un libro catártico?

Obviamente, en lo personal me sirvió como un libro de sanación. Pero también es una buena mirada general para dar normalidad a lo que llamamos discapacidad. Una forma de hacer ver cómo, a veces, simplemente dibujar y jugar ayuda para tirar adelante y estar agradecido de las oportunidades que te da la vida.

¿Cómo fue en su caso la primera reacción ante su hijo?

En el libro hay una página con letras gigantes que dice: Yo no lo acepté. Y así fue. Me asaltaron dudas y porqués, pero en seguida di la vuelta a la tortilla. Fue consciente de que había algo que no estaba funcionando y cambié el disco duro. Coloqué uno nuevo con la contraseña de abrir el corazón y fui consciente de que la clave era simplemente quererlo como es. Y así es. Perfecto.

¿Y en lo profesional? ¿Cómo impactó aquella circunstancia?

También en el libro hago una especie de metáfora al respecto. Cuando estás trabajando te imaginas un dibujo perfecto. Y si no te sale bien lo puedes romper, cambiar, retocar con Photoshop. Con un hijo, no. En lo profesional me sirvió para trabajar ese ángulo y asumir las cosas como son, porque intentar mejorarlas constantemente no lleva a ningún lado.

¿Es válido 'Mallko y papá' para cualquier familiar con un hijo con síndrome de down en cualquier parte del mundo?

Con algunos matices. Hice un cartel gigante con el lema 'El síndrome de down, patrimonio de la humanidad'. Con ello quiero decir que un niño así elige nacer en Logroño, en plena selva o en mitad del desierto. La discapacidad se manifiesta cuando no hay oportunidades ni información. Donde hay medios todo es más fácil y llevadero. Esa es una de las razones por las que hemos montado una asociación para trabajar el arte como herramienta para que la sociedad sea más inclusiva.

¿Se consigue esa inclusión con el tópico de que los niños con síndrome de down son torpes y limitados pero más cariñosos y dulces?

Ni son angelitos ni tienen alas. Son, simplemente, niños. Y hay niños con síndrome de down que tienen mal carácter, te tiran del pelo o no comparten sus juguetes. La compasión es un grave error que debe tratarse de paliar. Hay que tratarlos como a cualquier niño. Y reñirles si es necesario. Sin excepciones. Si tú los tratas como diferentes se convierten en personas diferentes. Y ahí es donde la estamos cagando.

¿Está evolucionando la relación con su hijo desde que nació?

Sí. De hecho ya estoy preparando otro libro abundando en la idea de que el humor, reírse de la cruda discapacidad, es una excelente forma de normalizar el síndrome de down. Lo más inclusivo es no tratarlo con miedo. ¿Por qué ha de ser así? La naturaleza que nos rodea es diferente y somos los humanos los que empezamos a poner etiquetas. La sociedad está hecha para que todos podamos vivir en todas la condiciones, aunque quizás cada cual necesita un poco más tiempo o atención. Si aprendemos a dar ese margen, todos podemos llegar al mismo lugar.