La Rioja
La cantaora granadina Marina Heredia. :: efe/VÍCTOR LERENA
La cantaora granadina Marina Heredia. :: efe/VÍCTOR LERENA

«Mi carrera nunca ha estado dominada ni por las prisas ni por el ansia»

  • La cantaora granadina actúa hoy en el Teatro Bretón (21 horas) con el toque del excelente guitarrista jerezano José Quevedo 'Bolita'

  • Marina Heredia Cantaora

La granadina Marina Heredia se presentó en Logroño hace quince años con la guitarra de Emilio Maya y con apenas experiencia en los escenarios: «Me acuerdo muy bien de aquella velada», relata la cantaora, que actúa esta noche (21 horas) en la sala grande del teatro y que llega a La Rioja con el Premio de la Crítica al Mejor disco de cante del año pasado: «Siempre he dicho que soy una artista de fondo; mi carrera no está dominada por las prisas ni por el ansia; lo que busco es sentirme feliz en el escenario, cantar flamenco y disfrutar de lo que me ofrece cada momento porque es único».

¿Hay mucha diferencia entre aquella Marina de los inicios y la que vamos a poder disfrutar hoy?

Claro, pero en esencia es lo mismo. Me siento una afortunada por poder cantar flamenco como lo siento, por hacer que la gente se emocione y por rendir ese culto profundo hacia un arte y una expresión musical que me parece conmovedora. En el flamenco se percibe una sensación poderosa de autenticidad, de verdad y creo que los que tenemos la suerte y el privilegio de subirnos a un escenario somos como los portadores de algo fascinante y hermoso que nos emociona.

Muchos aficionados sienten una sensación de orfandad por la desaparición de una serie de artistas muy grandes como si se temiese que no hubiera relevo. ¿Qué opina?

En primer lugar, que han sido muy duras las desapariciones de maestros de la talla de Enrique Morente o Paco de Lucía, desde luego. Pero hay que dar tiempo al tiempo porque figuras de esa magnitud nunca son flor de un día. De hecho, en la historia del flamenco siempre ha pasado algo parecido. Cuando apareció Camarón hubo mucha gente que no le entendía y que le quitaba importancia a lo que hacía, pero aquello era tan grandioso que al final se impuso. Yo creo que ahora pasará lo mismo.

Un amigo mío tiene la manía de decir que los mejores cantaores ya están muertos...

Bueno, son opiniones, pero creo que eso se decía antes también porque da la sensación de que la historia está llena de ciclos que se repiten todas las generaciones.

En su discografía hay un momento esencial que es 'La voz del agua' en el 2007. ¿Por qué hay un salto tan fuerte con lo anterior?

Porque en ese momento fui yo misma e hice lo que sentía sin que nadie pudiera imponer unas ideas con las que no me identificaba. Creo que todos esos matices se perciben desde el primer tercio...

Y surgió como un sonido muy suyo que ya no la ha abandonado.

Eso es muy hermoso porque es como definir un camino, una vereda por la que quieres ir y que la sientes como propia en todos sus extremos. Eso es lo que busco y lo que he ido depurando con los años.

Se encuentra ahora inmersa en un proyecto que tiene que ver con Manuel de Falla.

Es un trabajo impresionante puesto que es un encargo del Festival Internacional de Música y Danza de Granada a la compañía 'La Fura dels Baus' para celebrar el centenario del estreno del 'Amor Brujo'. Yo voy a hacer el papel de Candelas, y además de cantar, bailaré e interpretaré. Es uno de los grandes retos de mi carrera porque la exigencia es enorme, igual que el orgullo que siento al hacer algo así.

¿Cómo va a plantear el concierto de esta noche?

Bendito cante. ¿No? Vengo a cantar flamenco desnudo, por soleá, por siguiriya, por lo que se vaya terciando. En realidad es lo que más me gusta porque yo disfruto con el cante sólo escuchándolo. Me siento una buena aficionada y me muero por oír cantar bien.

Y un teatro para usted sola.

¡Como los toreros! Es verdad, si lo piensas impone, pero es la responsabilidad la que más nos preocupa y espolea. Personalmente siento un respeto muy grande por las personas que pagan una entrada por venir a ver mi cante. Por eso vivimos en una inquietud constante y aparece lo que denomino como 'lagunas de fe', en las que piensas que no te gusta nada de lo que haces, como que te estorba todo. Luego remontas esos momentos y te vienes muy arriba. Los artistas somos volubles; es verdad, pero cuando aparece la fuerza interior que necesitas logras sobre el escenario momentos realmente mágicos.