Un subsuelo con mucha historia

Vista de una parte del barrio de bodegas de Villamediana de Iregua, desde una de sus calles principales. :: p. h./
Vista de una parte del barrio de bodegas de Villamediana de Iregua, desde una de sus calles principales. :: p. h.

El estudio del área tradicional de calados de Villamediana concluye que la zona data de hace más de cuatro siglos

P. HIDALGO

El barrio de bodegas de Villamediana de Iregua cuenta con más de cuatro siglos de historia. Así lo determina el estudio histórico que recientemente han concluido los historiadores Gabriel Ezquerro e Inko Zubillaga y que ha sacado a la luz datos inéditos que ayudarán a conocer mejor los entresijos de este lugar emblemático para los villametrenses.

El informe histórico constituye una de las 'patas' sobre las que se asienta el Plan Especial de Protección del barrio de bodegas, la directriz urbanística para recuperar y valorizar esta zona tradicional de calados. La alcaldesa de Villamediana, Ana Belén Martínez, apunta que las actuaciones para regenerar este área se pondrán en marcha en el 2019, para cuando está concedida la subvención del CEIP. Hasta la fecha se han realizado los estudios sociológico, cartográfico y del subsuelo. En la actualidad se está llevando a cabo el jurídico. Éstas conforman las otras piezas para el Plan de Protección.

En lo relativo al informe histórico, uno de los aspectos más sobresalientes del estudio es la antigüedad que concede al enclave, de más de cuatro siglos. El documento más antiguo que se ha localizado y que menciona la existencia de bodegas en el cerro de San Cristóbal (lugar donde se ubica el barrio) data de 1582. Junto a éste se han analizado otros que muestran la imagen de un barrio totalmente operativo a fines del siglo XVI, pero cuyo nacimiento es posible que se produjese a finales del siglo XV o comienzos del XVI.

Según el informe, el origen y expansión del barrio de bodegas durante los siglos XVI, XVII y XVIII «estuvo ligado a contextos de crecimiento económico y de desarrollo del sector vitivinícola». La oportunidad de negocio que suponía el vino animó a terratenientes o personajes de la baja nobleza y el clero a invertir en la construcción de bodegas donde elaborar los caldos que podían «hacerles ricos».

Los investigadores señalan que aquellas primeras bodegas disponían de una capacidad de producción y almacenamiento de vino con destino al mercado «que en nada tenían que envidiar a muchas de Logroño».

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