«Me sorprendió encontrar una fragata llamada 'Santo Domingo de la Calzada'»

Diego Téllez, en el Archivo Nacional de Filipinas. :: l/L.R.
Diego Téllez, en el Archivo Nacional de Filipinas. :: l / L.R.

Diego Téllez Alarcia Profesor de Historia Moderna en la UR | El investigador ha publicado dos artículos en la 'Revista de Historia Naval' sobre el barco de la Compañía de Filipinas con el nombre del santo

Javier Albo
JAVIER ALBOSanto Domingo

Una fragata se cruzó en el camino de Diego Téllez mientras realizaba una investigación. El nombre de aquel navío, 'Santo Domingo de la Calzada', perteneciente a la Real Compañía de Filipinas, llamó poderosamente su atención por dos razones: por su vinculación con la ciudad calceatense, en la que nació su madre, y por lo extraño de que un santo sin más vinculación con el mar que un milagro apenas conocido -la salvación de 12 pescadores en 1593 de una tempestad-, bautizase el barco, cuya singladura se situó entre 1796 y 1807, cuando fue hundido en Montevideo por los ingleses. «A falta de más información, permanece irresuelto el enigma de este curioso bautismo», indica el profesor de Historia Moderna de la UR en uno de los dos artículos publicados en la 'Revista de Historia Naval', en los que recoge los frutos de su investigación.

-¿Cómo da con la fragata?

-Por casualidad, absolutamente. Yo estaba realizando una investigación sobre un noble del siglo XVIII y recopilaba datos en el Archivo General de la Nación de Uruguay cuando me encontré con que unos hijos de este personaje habían viajado en una fragata llamada 'Santo Domingo de la Calzada', lo que me resultó muy llamativo.

-Lo es. ¿Por qué lo bautizaron así?

-Es el gran misterio y lo que primero llama la atención a un investigador calceatense o riojano: que un santo nuestro, de tierra adentro, preste su nombre a un barco. La teoría que esbozo en el artículo es la que creo que puede tener más visos de verosimilitud. Además de su nombre, 'Santo Domingo de la Calzada', el barco tenía también un alias, algo muy habitual en la época. En este caso era 'Príncipe de la Paz', que era el título de Godoy. Por lo tanto, es evidente que alguna relación con este había. Buscando qué posibles conexiones podía tener Godoy con Santo Domingo de la Calzada encontré que era amigo íntimo del marqués de Fuerte Hijar, que era calceatense, vivía en Madrid y realizó una serie de manifestaciones de patrocinio hacia su ciudad natal. Quizás este sea el vínculo más probable.

-¿Ha resultado fácil encontrar información sobre el barco?

-Sí. Una vez que conoces la existencia y el nombre de un navío español tenemos la fortuna, en España, de disponer de unos recursos archivísticos fantásticos para esa época. Concretamente, yo acudí al Archivo de Marina, que está en Viso del Marqués (Ciudad Real) y allí empecé a encontrar mucha información sobre este navío, construido en Pasajes por un maestro muy famoso de la época, Ramón de Aizpurúa.

-¿Cuál fue la importancia del barco dentro de la coyuntura económica y política de aquel periodo?

-Era una época muy convulsa. Hay que tener en cuenta que por entonces tiene lugar la batalla de Trafalgar (1805). La fragata tuvo una vida bastante corta. Es construida en 1796 pero pasa prácticamente cuatro años encerrada en el puerto porque estábamos en guerra con Gran Bretaña y las costas estaban bloqueadas.

El hallazgo fue casual: investigaba a un personaje y descubrió que sus hijos habían viajado en el barco

«El barco pasó por toda una serie de aventuras y dseventuras que hacen su historia muy interesante»

Tiene un servicio muy efímero, en el que hace dos viajes a Filipinas, siempre con una intención comercial, aunque fue un barco artillado, que llevaba en torno a treinta cañones para protegerse de agresiones, bien de potencias extranjeras o de piratas y corsarios. Su importancia reside, sobre todo, en que refleja la decadencia de la Marina española en aquel momento concreto, en torno a la batalla de Trafalgar. También deja ver un aspecto importante del momento, que es esa primera globalización; estamos hablando ya de una economía casi mundial, en la que, en el caso español, los contactos comerciales abarcaban tres continentes -Europa, América y Asia- a través de Filipinas. Fue, por lo tanto, el reflejo de una época, y participa en distintos eventos históricos, que fueron claves para entender ese momento, como fue la ya citada batalla de Trafalgar o, posteriormente, las invasiones inglesas de Buenos Aires y Montevideo. Durante esta última acabó hundida la fragata.

-Hizo solo dos viajes, pero entonces irse hasta Filipinas era una odisea, casi...

-Sí. Es un barco que da la vuelta al mundo, prácticamente. Todavía no estaba construido el canal de Panamá, ni el de Suez, por lo que había que bordear o bien Sudáfrica o Sudamérica, a lo que se suman toda una serie de vicisitudes: un tifón, piratas chinos, diez meses que tuvo que estar parado en Lima... Toda una serie de aventuras y desventuras que hacen que sea una historia muy interesante. Hizo dos viajes pero el segundo no lo terminó, porque cuando estaba frente a Ciudad del Cabo, encarando ya el Atlántico para ir a España, se encuentra con un barco americano que le avisa que los ingleses han atacado barcos españoles y decide refugiarse en Montevideo, donde terminaron sus días.

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