Santo Domingo, autopista aérea

Estelas de aviones sobre Santo Domingo de la Calzada, una imagen que se repite con frecuencia. ::/Raúl Barquín
Estelas de aviones sobre Santo Domingo de la Calzada, una imagen que se repite con frecuencia. :: / Raúl Barquín

Cientos de aviones llenan el cielo de la localidad de estelas en las que algunos ven más que masas heladas de vapor de agua

Javier Albo
JAVIER ALBOSanto Domingo

Santo Domingo de la Calzada muestra a menudo su cielo surcado de estelas, tanto que llama la atención. Son los rastros de los cientos de aviones que cada día atraviesan sus 'carreteras aéreas' en busca del 'cruce' que señaliza el Radiofaro NDB Santo Domingo de la Calzada, llamado así aunque, en realidad, se encuentra entre los términos municipales de San Torcuato, Cidamón y Hervías. Este y el existente en Agoncillo son los dos que hay en La Rioja, causa principal de que por su espacio aéreo vuelen cada mes 25.000 aviones.

Esas marcas blancas, que a veces parecen haberse quedado pegadas al cielo, no son sino alargadas nubes de hielo formadas por la condensación del vapor de agua presente en las emisiones de los motores, cuando se producen unas determinadas condiciones de temperatura y humedad, de mayor o menor persistencia en función de estas. «A altos grados de humedad, más persistentes e indicadoras de que se acercan cambios de tiempo por la llegada de frentes; por contra, su rápida desaparición indica bajos niveles de humedad y atmósfera más estable», señala el aficionado a la meteorología José Antonio Calvo, que opina sobre algo que, a muchos que ven más allá de una imagen curiosa en el cielo, también preocupa: ¿son contaminantes?. «La estela en sí no, porque es vapor de agua congelado», explica. «Lo que vemos es el reflejo del sol en los cristalitos de hielo que quedan por congelación del mismo, aunque no digo que no pueda haber alguna partícula», añade.

Las estelas, por tanto, no deberían preocupar, pero las emisiones de los aviones, y sobre todo su elevado número, sí. Esto, a nivel mundial. Los gases de combustión que lanzan contienen CO2, óxidos nitrosos y sulfúricos, metano, hidrocarburos, monóxido de carbono y pequeñas cantidades de partículas de hollín. Según un estudio del Grupo Intergubernamental sobre Cambio Climático (IPCC) el tráfico aéreo aporta cada año en torno al 3% de las emisiones de dióxido de carbono (CO2) a la atmósfera, con lo que es indudable su parte de culpa en el cambio climático.

A las estelas, incluso, las rodea una teoría de la conspiración denominada 'chemtrail' (contracción de dos palabras inglesas, que vendría a significar 'estela química'), según la cual no serían tan inocentes nubes congeladas de vapor de agua sino una malvada forma de actuación por parte de algunos gobiernos, bien para controlar o alterar el clima; esterilizar de forma masiva para frenar la superpoblación, o como una 'subliminal' guerra biológica, entre otras cosas. Bueno, también hay quien dice que Elvis vive.

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