La de los ramos (con vacas) y la de las prioras ponen en marcha el capítulo de procesiones festivas

J. A. SANTO DOMINGO.

Las tradiciones del primer día festivo llegaron a cuatro patas: carneros por la mañana; bueyes por la tarde... Con la mecanización de las labores agrarias, estos últimos desaparecieron de buena parte del campo español. Antaño los prestaba Gallinero de Rioja -destino de la primera romería tras las fiestas-, como agradecimiento por esta y otras cosas- y desde hace algunos años proceden de Guipúzcoa.

Ayer, sin embargo, fueron vacas y no bueyes las que tiraron del carro en la procesión de Los Ramos. Solo había que mirar los 'bajos' para percatarse de ello. Más difícil es distinguir un chuletón de buey de otro de ternera... La razón, explicó el prior, Florentino Rodríguez, es que los proveedores de costumbre no tenían dos bueyes iguales, de tamaño, y, ante la tesitura de la descompensación se optó por las vacas.

El caso es que, igualmente, incluso con más docilidad, transportaron los ramos de encina a la catedral, que se colocaron en torno al sepulcro del Santo, como -cuentan- se hizo antaño con otros para evitar la profanación por los animales de una tumba al aire libre.

También se colocaron unas ramas en el portalón de la casa de la cofradía del Santo y, dentro de esta, quedó depositada la simbólica leña para preparar el 'Almuerzo del Santo', tras lo cual los cofrades se fueron al pesaje de las hogazas que repartirán en las degustaciones festivas. El último de los actos tradicionales fue la procesión de las prioras, las mujeres de la cofradía, que visten de negro, en contraposición al blanco de las doncellas, hoy.

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