Cuesta y bajón en Santo Domingo

Un establecimiento cerrado en el casco antiguo de la ciudad. :: albo/
Un establecimiento cerrado en el casco antiguo de la ciudad. :: albo

La ciudad experimenta cada año el tránsito radical del mes de diciembre a enero

J. ALBO

En Santo Domingo de la Calzada, y seguramente en casi todas partes, la cuesta de enero se convierte en un auténtico bajón. La ciudad pasa del bullicio de la Navidad a una tranquilidad exasperante, sobre todo para los negocios, algunos de los cuales -especialmente en la zona del casco antiguo- optan por cerrar por vacaciones, ya que apenas hay turistas ni peregrinos y los vecinos parecen haber cambiado el 'chip' por completo. No es extraño. Tras un mes de mucho dispendio, por las celebraciones, cenas y comidas, regalos, lotería y demás, las economías deben afrontar con crampones y piolet su tránsito por este mes, seguramente el más insulso del año dado que también la actividad cultural o de ocio, tanto la del Ayuntamiento como la impulsada por asociaciones y colectivos locales, se reduce de repente a su mínima expresión.

«Son meses de hibernación, también del turismo», indican desde la catedral, que cada año después de Reyes cambia sus horarios, mediante una reducción de los mismos, para adaptarse a la nueva situación, que se repite más que Bill Murray en 'Atrapado en el tiempo'. «En estos meses de invierno son muy escasas las personas que acuden a visitarla», dicen desde el templo, que hasta mediados de marzo abrirá de lunes a viernes de 11 a 14 y de 16 a 19 horas; los sábados de 10 a 19 horas (como el resto del año) y los domingos de 10 a 12.20 y de 14 a 19 horas.

Este bajón se nota también en la oficina de turismo, que, en lo que va de mes, con temporal de nieve incluido, ha atendido a unas 40 personas. Las instalaciones permanecieron cerradas el año pasado, pero en el 2016, recibieron la visita de 579 turistas, cuando en marzo fueron ya 2.491 y a partir de este mes en ascenso. Otro tanto ocurre con los peregrinos: en enero llegan al albergue entre 180-200 caminantes, a lo sumo, de los más de 20.000 que pernoctan cada año en el mismo.

«Se podían hacer cosas para mover un poco esto, pero aquí no se mueve nadie», dicen en un bar

Y todo esto se nota. Javier Zarco, del restaurante 'El gallo y la gallina', afirma que «es un mes muy complicado, porque no hay nada. La mujer y yo nos hacemos cargo del bar, sin coger camareros, porque ahora mismo no se puede. Enero y febrero son un crimen», dice . «Se podían hacer cosas para mover esto un poco, pero aquí no se mueve nadie», reprocha. Él no, pero sus antecesores en el negocio llegaron a abrir únicamente cuatro días por semana.

Muy cerca de allí, en el supermercado Gama, Octavio Alonso señala que «después de la campaña de Navidad y con el tema de las rebajas, que donde más se potencian es en la capital, en Santo Domingo de la Calzada, y me imagino que en todas las cabeceras de comarca, enero es un mes muy flojo». La cuesta se nota. «Hay una diferencia abismal. Enero es malo y febrero es un poco peor, con lo que no es hasta marzo, cuando el día empieza a ser algo más largo y empiezan a venir los peregrinos, cuando empezamos a remontar», afirma. Enero, un mes a pasar.

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