«De los pocos que han conservado su encanto»

Para Antonio Pascual, Ojacastro es el mejor pueblo de La Rioja porque «es de los pocos que han conservado su encanto». «Si paseamos por sus calles, con las casas bastante diseminadas, con sus casas de piedra de sillería, cantos rodados y madera; a pesar de ciertos 'atropellos urbanísticos', se conserva un conjunto rural con mucho encanto», afirma, y destaca la plaza, la iglesia de San Julián y de Santa Basilisa, la ribera del río Oja, la Vía Verde, los barrios La Plazuela y Pisón o la ermita románica de la Ascensión en la aldea San Asensio de los Cantos. Porque Ojacastro, además, cuenta con muchas aldeas, divididas en dos cuadrillas: las de Arrupia (Arviza y Tondeluna, además de las ya deshabitadas Zabárrula y Amunartia) y las de Garay (San Asensio de los Cantos, Uyarra y la deshabitada Ulizarna), más otras tantas ya desaparecidas pero documentadas, como Larrea, Zarracucha, Masoa, Espidia, Valdeperillos, Burraldia y Escarza.

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