Ninguna víctima después de 40 contiendas

Jóvenes bañados en vino. :: /Sonia Tercero
Jóvenes bañados en vino. :: / Sonia Tercero

La Batalla del Clarete de San Asensio cumple con la expectativa y hace disfrutar a cientos de personas bañadas en vino

DIEGO MARÍN ABEYTUASan Asensio

A partir de las 12 horas, cada domingo más cercano a la festividad de Santiago Apóstol, la calle Pecho de las Cuevas de San Asensio ve nacer dos ríos: uno de vino clarete, el derramado en lo alto del barrio de las bodegas de la localidad, y otro de personas que van y vienen. Ni siquiera el alcalde de San Asensio, Juan Francisco Blanco Zalvidea, se aventuraba ayer a dar una cifra exacta o aproximada de asistentes y vino derramado: «Miles», en ambos casos. Las agencias de noticias, días atrás, daban la cifra de 40.000 litros de vino a arrojar. En cuanto a los participantes, rondarían el millar.

Arriba, en lo alto, una manguera a modo de lanzallamas moja a todos los presentes. Como caballos de Troya se mueven dos remolques llenos de vino que se va surtiendo y vertiendo entre los asistentes. Y a pie de calle, los soldados rasos de esta Batalla del Clarete que ayer cumplió 40 ediciones desde que la peña Clarete de San Asensio la instaurara como oficial, con ese nombre, en 1977, aunque parece que se ya se celebraba, extraoficialmente, al menos desde el año 1973.

Abajo, junto a la escultura de Ibarrola, contemplaban la escena desde lejos los niños y mayores, sobre todo los que no desean impregnar sus mejores galas de vino. Como los vizcaínos Iñaki Centol, Esteban Marco y Esther Ortiz de Pinedo, quienes habían acudido de enoturismo a la zona y el día anterior se enteraron del acontecimiento. «Vinimos de relax y nos hemos enterado de esta 'vinoterapia'. Estamos observando para el próximo año», admitió Iñaki. Les frenó no disponer de ropa adecuada para participar.

«Lo pasamos pipa»

Iker Mesonero acudió con Eneritz, Irati, Iratxe y Alain, todos de Bilbao pero descendientes de San Asensio. «Esta es una fiesta muy grande en nuestro pueblo y lo pasamos muy bien», dijo Iker, ya teñido de rosa. También en familia acudió Rosa Orío, acompañada de sus hermanos Elías y Pili (más Daniela, Marcos y Ana), y casada con un sanasensiano. «Venimos todos los años porque nos lo pasamos pipa», confesó Rosa. Elías iba armado con sulfatadora y ella, con pistola de agua.

Gorka Ábalos, Mikel Martínez y Mikel Bruce son tres amigos incondicionales de la Batalla del Clarete. Ninguno portaba armas. «Somos víctimas solo», declaró Gorka, el único descendiente del pueblo de los tres, residentes todos en Bilbao. Pero cabe destacar que, después de 40 años de festivo conflicto enológico, no ha habido todavía ninguna víctima, ni aunque se quiera serlo.

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