Una puerta con muchas historias

Otero y Sierra, trabajando en la puerta del museo. :: F. D./
Otero y Sierra, trabajando en la puerta del museo. :: F. D.

El Ayuntamiento restaura la entrada del museo de Nájera, repleta de inscripciones de los presos cuando fue cárcel

F. DOMÍNGUEZ

El Museo Histórico Arqueológico de Nájera tiene, además de sus muchos fondos, algún que otro secreto. Bueno, igual más que secretos son pequeños detalles que, formando parte de su noble estructura, pueden pasar inadvertidos a quien se adentra en el mismo atraído por los valores museísticos.

Uno de esos detalles son las inscripciones que permanecen en dos de sus puertas originales y en algunas de sus paredes, que datan de cuando el edificio fue, durante décadas, la cárcel comarcal de Nájera. Ahí dejaron su impronta numerosas personas de la comarca que, culpables o inocentes, dieron con sus huesos en la trena najerina.

Para que no se acaben perdiendo y, también para preservar la puerta del museo, el Ayuntamiento ha contratado a la empresa Atrio Restauración de Patrimonio, para restaurar la puerta. Esta es la original del edificio, que data en el siglo XVIII, recuerda el director del mismo, Javier Ceniceros.

Del trabajo se ocupan Mercedes Sierra y Aida Otero, profesionales que «a base de decapantes y bisturí, sin nada de maquinaria», está quitando una capa de barniz que se aplicó a la puerta cuando se reformó el edificio, allá por los años 70, y que era inadecuado. «Era un barniz de poliuretano que no ha favorecido la conservación de la puerta y que es muy feo», explicaba Sierra.

En el decapado se está teniendo especial cuidado en «preservar las inscripciones, algunas de las cuales están recobrando nitidez, por lo que al final se hará un calco de todas para que se puedan seguir estudiando». Una vez limpia la superficie «se aplicará un material que hidrata la madera, se protegerán los elementos de hierro y se dará una capa de aceite protector a toda la puerta», advierte la restauradora.

A propósito de las inscripciones, probablemente hechas a punta de navaja, Ceniceros señala que «por el tipo de letra y buscando en las partidas de nacimiento, hemos comprobado que algunos de los que las hicieron conservaban la misma caligrafía que el cura de su pueblo».

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