Materializando los recuerdos de sus antepasados

En Brieva, Ángel Victoriano ha podido materializar los numerosos recuerdos que ha ido almacenando en su memoria, herencia paterna, y que a pesar de los muchos años transcurridos desde que su padre se los transmitiese, no han desaparecido. A buen seguro que, a partir de ahora, aún será más difícil borrarlos, porque ya los ha visto con sus propios ojos.

Cuenta que aún recuerda como su padre le contaba que «de niño, se hacía una fogata para velar a un santo, creo recordar que era San Crispín, y venían ellos y se lo robaban; o cuando echaban algo de pintura en la pila del agua bendita de la iglesias y venían las mujeres y, al santiguarse, se pintaban la cara. Travesuras», sentencia.

También le viene a la cabeza, tras patearse el pueblo junto a sus familiares, los recuerdos de la fuente que hay junto a la iglesia. «Recuerdo que me contaba que, de chaval, las chicas iban a la fuente a coger agua, porque entonces no había agua corriente en las casas, y él y sus amigos iban allí a esperarlas».

Dice que le gustaría poder quedarse a vivir en el pueblo, pero «como tengo la familia allí, hay que volver». «El corazón se reparte», concluye.

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