Mansilla vuelve a oír las horas

El reloj de Mansilla vuelve a marcar las horas para los vecinos de la localidad serrana. :: L. R./
El reloj de Mansilla vuelve a marcar las horas para los vecinos de la localidad serrana. :: L. R.

Ayuntamiento y Cofradía han invertido casi 8.000 euros en arreglar el reloj y las campanas

FÉLIX DOMÍNGUEZ

En Mansilla de la Sierra, un pueblo al que en los años sesenta del pasado siglo se le despojó de toda su esencia y su historia, dado que acabó bajo las aguas del embalse que lleva su nombre, apenas le quedan vestigios de lo que fue. Todo en él es nuevo, salvo el recuperado puente de Suso, que fue rescatado del fondo del pantano y ahora forma parte del paisaje urbano de la localidad, o la ermita de Santa Catalina, que se salvó porque está construida en una zona a la que no llegan las aguas embalsadas.

Sin embargo, ya ha pasado más de medio siglo desde que se construyó el nuevo Mansilla y los más viejos del lugar se han llegado a encariñar con el mismo. No es el cariño y la añoranza por aquel núcleo humano serrano cuyas ruinas reaparecen cuando el nivel del pantano alcanza sus mínimos, pero es cariño al fin y al cabo.

Ese es, entre otros, uno de los principales motivos que ha llevado al Ayuntamiento de la localidad y a la Cofradía del Bendito Cristo de Mansilla, a acometer el arreglo del reloj situado en la torre de la iglesia de la Concepción, construida en 1960 para el nuevo pueblo y que, «desde hace unos diez años estaba roto y no daba las horas, además de que los badajos de las campanas también estaban muy deteriorados y representaban bastante peligro para los vecinos y visitantes, ya que se podían desprender y causar algún accidente», señalaba el alcalde, José Manuel Ballesteros.

Así que las señaladas instituciones se pusieron manos a la obra y, con un coste aproximado de 8.000 euros, lograron que se subsanasen ambos problemas, con lo que ahora el reloj vuelve a marcar las horas puntualmente y, además, esas horas las advierte todo el pueblo a través del sonido de las campanas. Ballesteros indicaba que dicho sonido «produce en el pueblo una sensación de alegría que se echaba mucho en falta, de manera especial en las personas más mayores de la localidad, ya que ellos están más acostumbrados a guiarse un poco por el sonido de las campanas, con lo que ahora están contentísimos».

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