Un incendio que deja al valle en ascuas

Un incendio que deja al valle en ascuas
Sonia Tercero

La extinción del fuego de Posadas deja daños materiales, actitudes encomiables y miedo a que se repita

Javier Albo
JAVIER ALBOSanto Domingo

Noventa y ocho hectáreas de masa forestal quemadas. Este es el balance final de daños del incendio que comenzó el jueves junto a la aldea de Posadas y quedó controlado en la mañana del domingo, en la umbría de Ayabarrena. Entre medio, un gran despliegue de medios humanos y materiales y un intenso trabajo que aún sigue, eso sí, reducido ahora a labores de vigilancia de toda la zona afectada para evitar que puedan avivarse algunas ascuas aún encendidas en los tocones de los ejemplares arbóreos -pinos, mayoritariamente- que dibujan sobre la zona una imagen espectral, de muerte y desolación.

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«Lo nuestro ha sido una pequeña barbacoa comparado con lo que tienen en Galicia», lamenta el alcalde de Ezcaray, Diego Bengoa, para quien la jornada del lunes llegó, no con su general carga peyorativa por lo que supone de reanudación del trabajo -en su caso a pie de monte todo el 'puente' festivo-, sino con alivio por poder mirar a la sierra y disfrutar de su perfil limpio de humo.

Iniciado ya el tiempo para que la naturaleza se regenere a sí misma, toca extraer lo positivo de la desgracia: lo principal, que no ha habido que lamentar daños personales. «Eso es lo que más me preocupaba», confiesa Bengoa, que no esconde su orgullo por la profesionalidad de los efectivos desplazados y, también, por el comportamiento de la gente de Ezcaray, «que en un puente que estaba todo a tope han buscado sitio para alojar a los efectivos de la Unidad Militar de Emergencias y han estado haciendo desde primeras horas de las mañana bocadillos para que pudieran comer todos los que estaban apagando el incendio. Se han volcado», dice.

Sonia Tercero

Siempre hay un pero que, además de la superficie quemada es la preocupación por el origen del fuego. De la investigación del Seprona no trasciende nada, pero es general opinión que ha sido provocado. De la mentada pero sin confirmar existencia de dos focos, a pie de camino, se extrae una amenaza aún vigente. «Lo mismo que hizo el jueves lo puede hacer otro día», teme el alcalde, que desea que llueva, que llueva mucho; para la sequía y para despejar el temor que pende sobre un valle que no ha olvidado que el maldito pirómano del año 2009 sigue libre.

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