Cuando la unión hace la fuerza

Cuando la unión hace la fuerza
Jöel López

La aceleradora de empleo de Haro fomenta la colaboración para aprender a buscar trabajo

J. LÓPEZ

Son las nueve y cuarto de la mañana. En la calle hace mucho frío, pero dentro del aula se respira calor, ánimo. Begoña advierte: «Esto no era así hace dos meses». Laura Belmonte, la coordinadora de la aceleradora de empleo de Haro se ríe e interrumpe: «Cuando llegaron, no dejaban de repetir que si no era con enchufe no se podía trabajar en Haro y ya no lo dicen».

María Jesús llega un poco tarde, se disculpa y todas sus compañeras, casi al unísono, le preguntan por la llamada que recibió de una empresa de colocación.

PLAN NOVEDOSO

Seis meses
Los participantes se comprometen a acudir todos los días, de lunes a viernes, durante tres horas. Si consiguen trabajo durante su duración deben abandonar el proyecto. Ya llevan dos meses.
Formación
Aunque este proyecto no incluye formación, varias participantes han pedido realizar cursos específicos como el de carretillero. Está en estudio.

Lo saben porque ya tienen un grupo de whatsapp donde se cuentan sus avances y se pasan información. María asegura, con emoción pero con prudencia, que «pinta bien pero me tienen que volver a llamar». El resto aplaude y le animan: «Seguro que te sale, ya verás», le dice otra.

Belmonte aclara: «Aquí no les buscamos las ofertas, no les damos formación pero no dejan de aprender cada día». Todas, once mujeres y un hombre, asienten. Begoña explica que han aprendido «cómo hacer un currículum y que a cada oferta hay que mandar uno personalizado».

«No es el sitio el que nos encuentra trabajo, sino la motivación que encontramos aquí la que lo hace», interviene una compañera. Lleva desde el principio, aún no ha conseguido empleo, pero toma el éxito de al menos cinco compañeros como propio. Y añade: «He recuperado la energía que estaba perdiendo cuando estaba sola buscando trabajo».

Cristina reconoce que ahora se valora más. Begoña interviene y cuenta una anécdota: «Al principio, Laura nos enseñó una lista de adjetivos que ella decía que por nuestra trayectoria nosotras teníamos, pero ninguna nos veíamos en esas palabras». Laura apostilla que es fundamental que se conozcan para saber qué quieren hacer y a qué se quieren dedicar. «Se acabó eso de yo trabajo en lo que sea».

La mesas, que forman una U, vibran. Es el teléfono de María Jesús. Todas se vuelven a inquietar. Ella más. Coge el móvil, un cuaderno y sale del aula.

El perfil del participante es apabullante: mujer, mayor de 45 años. Laura Belmonte admite que «esta clase muestra qué pasa en el mercado laboral, pero también hay que decir que las mujeres son mucho más receptivas a este tipo de iniciativas que los hombres».

«Estamos aquí porque queremos y porque nos viene bien. Ni nos pagan por venir ni nos enchufan», zanja Begoña.

Sin envidias

Belmonte reconoce que los participantes entendieron perfectamente lo que se pretendía y enseguida formaron un grupo de verdad: «Eso me facilitó el trabajo».

«Ahora me muevo más, leo cada cartel que aparece y si es interesante lo difundo entre los compañeros». Lo dice Cristina. Y asegura que «nunca ha surgido la envidia». «Ni de la sana ni de la otra», interrumpe Ana.

Después de la carcajada, Ana dice convencida que este es un grupo que se llevará «para toda la vida».

Dicen que ya no temen el rechazo. Carmen explica: «Ya no vamos a la desesperada y si no es esta vez será otra».

María Jesús vuelve al aula. De nuevo se hace el silencio esperando noticias. La mujer dice que su perfil encaja, pero que tienen más gente que deben evaluar.

El grupo empieza a valorar las condiciones que le ofrecen a María sin perder la sonrisa y el buen humor. Y es que Laura cuenta que también han aprendido a decir que no si realmente no es lo que les conviene.

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